Si buscamos la definición de prestigio posiblemente encontraremos una primera opción que tiene que ver con la forma en que las personas realizan su trabajo, el empeño y desempeño de este, y todos aquellos detalles que hacen a cada individuo diferente en al área laboral, por tal motivo es conveniente que nuestro entorno tenga una buena percepción de nosotros y nuestro accionar y comportamiento. Que en lugar de opacar la profesión que decidimos ejercer, la hagamos brillar cada día más.

Si seguimos buscando sobre el tema nos toparemos con contenido que destaca que “un rasgo común de las personas con prestigio profesional es que son confiables, y esto se basa en una alta responsabilidad sobre sí mismos y todo lo que se comprometen a hacer” y es que, como comunicadores, necesitamos ser impecables con nuestras palabras y acciones, cuidadosos con lo que comunicamos y, en especial, que eso que hacemos sea un reflejo de lo que habla nuestra boca.

Y si nos mantenemos profundizando es probable que veamos la estrecha relación que tiene con la reputación. Y en ese tenor, ¿sabías que, aunque ya se habla más del tema, muy pocas personas, empresas o entidades trabajan a profundidad una línea reputacional?

Y como dijo, en una ocasión, Benito Berceruelo, periodista, Consejero Delegado y Socio Fundador de Estudio de Comunicación, «lograr una buena reputación no es posible sin una comunicación acertada». En resumidas cuentas, se necesita una estrategia al mismo tiempo que se es orgánico en el accionar.

Y te preguntarás hacia dónde nos llevará esta búsqueda. Cuál es el hilo conductor de nuestro editorial o qué queremos lograr con toda esta retórica. Simple. Nuestra intención es seguir rumiando sobre el primer ingrediente, tal vez el origen que ha dado vida a estos conceptos que están relacionados con la profesión de comunicar que millones han elegido alrededor del mundo: la ética.

Y más que conceptos sobre ética o definiciones construidas, queremos enfocarnos en que, como comunicador, la sientas viva, corriendo por tus venas, que encuentres su eco en tu mente y lo hagas retumbar de manera constante, en tu día a día. Que esa definición que te dice que es el estudio de la moral y de la acción humana evolucione en cada uno de nosotros en un real compromiso de vida y obra.

Nos dirás tal vez que la ética no paga. Quizás pensarás que con eso no se come. Todos esos argumentos los hemos escuchados. O me preguntarás ¿por qué hablamos de ética cuando vemos tantas acciones donde se siente su ausencia? Y, lo más probable, te respondas que no pienses en lo que los demás hacen y te centres en lo que tú quieres ser y hacer. No dejes que la elección de unos cuantos, o de muchos, tuerza tu camino ni escuches esas voces que te gritan “eso no deja”.

Sé determinante, no seas ovejas. Trabaja en la construcción de lo que quieres ser y “prestigia la profesión que has elegido. La comunicación es hermosa, es pasión y satisfacción».

Si eres un joven comunicador elige bien en lo que te quieres convertir en la profesión, olvida el inmediatismo en la construcción de tu línea moral y laboral, no elijas el camino fácil porque a dónde fácil logras llegar, fácilmente puede ser una posición efímera.

Si eres un veterano en estas lides, regálate ese minuto de autoanálisis y date la oportunidad de rectificar si así lo requiera el resultado, pues nunca es tarde para empezar a hacer las cosas bien.

Todos tenemos una brújula moral. Recuerda que, más que nunca, es necesario reafirmar los valores de nuestra profesión y replantear la finalidad de nuestro oficio, para demostrar su impacto positivo en la sociedad y su evolución frente a unos desafíos muy preocupantes. Vamos juntos a «prestigiar nuestra profesión».

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