Los nativos digitales no leen periódicos impresos. Muchos ni siquiera tienen una idea de cómo se hacen y se imprimen. Tampoco se muestran interesados en buscarlos, palparlos ni sumergirse en ellos a leer sus contenidos.

Luego de algunos “focus group” que promoví entre los centennials, confirmé lo que sabía: que la mayoría de esos jóvenes nunca había visto un ejemplar impreso en sus hogares o, si acaso, para nada les llamaba la atención. Ni antes ni ahora.

Entre los que me dieron esos testimonios figuran varios que en los últimos años se graduaron de la carrera de periodismo en las universidades.

Estos últimos se han formado sobre los fundamentos de la nueva realidad del ecosistema digital de las comunicaciones y sus nociones de la prensa escrita son difusas, no encajan en sus campos de intereses.

Por lo tanto, están ultra familiarizados con las virtudes de las tecnologías y con el nuevo tipo de periodismo que se desarrolla en las plataformas digitales, más que con las modalidades de sus antecesoras.

Sus conocimientos de lo que es un periódico escrito son muy superficiales, para no decir escasísimos. Su vía para informarse, entretenerse o aprender es la digital, a través de teléfonos inteligentes, tabletas, laptops u ordenadores.

Son usuarios netos de las pantallas y prefieren los contenidos audiovisuales, las gráficas o imágenes que les hablan por sí mismas, antes que los textos.

Rehúyen las oraciones o párrafos largos, y si es para escucharlas en voz, suelen acelerar la velocidad de transmisión del mensaje, para no perder tiempo.

Como están acostumbrados a la lectura vertical, se sienten cómodos cuando las oraciones son cortas y pueden leerse sin menoscabo del presupuesto de tiempo que dedican a esos contenidos.

Les gusta ir al grano de los hechos. Nada de palabras incomprensibles o rebuscadas. Aman lo coloquial y en lo que tiene que ver con noticias, se interesan más por el cómo y el porqué del hecho.

Estas características son ya conocidas por los manejadores de contenidos, los propios redactores digitales y los productores de formatos en audio o video, no tanto así por los periodistas tradicionales que todavía están inmersos en el mundo del impreso y realizan la transición al digital de manera gradual.

Entender este fenómeno de tipo cultural, instalado ya en el hábito de las audiencias, es imprescindible para saber cómo hacer una fructífera transferencia de estos componentes en el formato papel y cuáles contenidos son los más apropiados en medio de esta transformación.

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