Siempre he practicado la gratitud y la búsqueda de soluciones a los problemas como centro de mi energía emocional, pues soy alérgica a la queja de manera determinada porque entiendo que el tiempo invertido en esta acción puede ser utilizado de manera productiva para que lo que me molesta o afecta pueda cambiar para mi y las demás personas.

En los últimos años, he aprendido demás sobre este tema, pues vivo en una comunidad que invierte el 80 por ciento de su energía en quejarse de tal y cual problema, pocos, muy pocos, dicen “cómo puedo ayudar a solucionar tal o cual situación”, menos del poco se compromete con la acción que lleva a esa solución luego de ofrecerse. No basta con decir puedo si hay que “caerte” atrás para que se materialice la ayuda.

Observo con tristeza como se van rompiendo las reglas porque todos necesitan una solución personal a problemas comunes; miro con pesar como el respeto, la cordialidad y el entendimiento se toman vacaciones en las situaciones de crisis; me he sentido impotente   a ver que reinan  la ignorancia y la falta de interés en conocer y practicar las reglas y se vuelve común; y me asombro al ver que se exige un respeto que no se tiene la disposición de devolver… y es que nos olvidamos que el camino es de doble vía.

Lo lamentable del caso no es que sea el accionar de  una comunidad. Lo realmente lamentable es que son modelos que se multiplican y reproducen en nuestra sociedad como si fuéramos conejos. Lo vemos a diario en las calles, en los trabajos y hasta en nuestros círculos familiares y de amigos.

Como la parábola del sembrador, pareciera que las semillas que están creciendo y floreciendo en nuestros caminos fueran la inconformidad,  queja,  resentimiento, egoísmo y agresividad. Las pelas se multiplican, los accidentes están a flor de piel y las prisas han desarrollado la indiferencia, la gente se mata los unos a los otros y, por cualquier ‘quitame esta paja’ se saca un arma, de fuego o blanca, y se atenta contra la vida de otra persona. ¿Sabes que eso que haces, como lo que hacen los demás, incide en todos?

Y cuando me refiero a queja no escribo de esa que se hace con responsabilidad y respeto, donde exigimos de la misma manera que damos. De esa que se da por el derecho natural o adquirido de las cosas. Podemos quejarnos y defender nuestros derechos, pero de ahí a pensar que solo tenemos derechos y no deberes hay un trecho muy grande.

Te pregunto: ¿Encuentras en la queja por deporte tiene algún sentido? ¿Suelen cambiar las situaciones? Entonces, ¿Para qué quejarse? Si no   sirve para mucho, reflexionemos sobre las consecuencias que tiene el hacerlo y quizás  decidas dejarlas y ser proactivos en la búsqueda de las soluciones. Cuestiónate: ¿Eres parte de la solución o del problema? ¿Cómo puedo contribuir a qué las cosas mejoren? No somos islas y todos, desde nuestra posición, podemos aportar nuestro granito de arena en la mejora de nuestro entorno.

 

“Todo el mundo se queja de su mala memoria, pero nadie de su poco entendimiento”.
David Hume

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