Informar ya no es suficiente
Ilustracion: https://www.magnific.com

Publicar nunca había sido tan fácil.

Una institución difunde un comunicado, un funcionario escribe directamente en sus redes, una empresa anuncia sus decisiones sin intermediarios y cualquier persona con un teléfono puede contar, mostrar y compartir lo que está ocurriendo. A eso se suma una inteligencia artificial capaz de resumir documentos, organizar datos, redactar textos y producir contenidos en cuestión de segundos.

Frente a esa realidad hay una pregunta que los periodistas necesitamos hacernos con mayor frecuencia: ¿qué aportamos nosotros que no esté ya disponible para las audiencias?

La pregunta ha aparecido de distintas maneras durante las discusiones del diplomado “Inteligencia artificial aplicada al periodismo”, organizado por el Banco Santa Cruz junto al Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).

Mientras más hablamos sobre herramientas, automatización, investigación, fuentes y nuevas formas de producir contenidos, más evidente resulta que el verdadero debate no es solamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué debemos seguir haciendo los periodistas y qué necesitamos hacer mejor.

Porque si una herramienta puede tomar la información disponible y convertirla en un texto, nuestro valor no puede estar únicamente en redactar ese texto, tiene que estar también en aquello que ocurre antes: en buscar lo que falta, preguntar lo que nadie ha preguntado y comprobar si aquello que se presenta como cierto realmente lo es.

En los días que tenemos de clases, el debate siempre termina con las mismas conclusiones: nos toca analizar el documento que permite entender una decisión, contrastar la cifra que aparece en un comunicado, escuchar la versión que quedó fuera, identificar los intereses detrás de una declaración y explicar por qué un hecho aparentemente aislado forma parte de una historia mucho mayor.

Ahí comienza el valor diferencial del periodismo.

Repetir no basta

Durante demasiado tiempo hemos normalizado prácticas que aportan poco a quienes nos leen, escuchan o ven: recibimos un comunicado y lo convertimos en noticia; tomamos una declaración publicada en redes sociales y construimos un titular; seguimos una polémica porque genera tráfico; reproducimos cifras sin preguntarnos de dónde vienen, qué significan o qué parte de la realidad dejan fuera; y, muchas veces, terminamos contando exactamente lo mismo que la fuente quería contar.

El problema no está en utilizar esa información porque los comunicados, declaraciones institucionales y publicaciones en redes sociales son fuentes legítimas y, en muchos casos, necesarias… el problema comienza cuando también se convierten en el final de nuestro trabajo.

El periodismo debería empezar precisamente después de recibir esa primera versión: ¿Qué falta? ¿Quién puede confirmar esto? ¿Qué dicen los datos? ¿Existe otra interpretación? ¿A quién afecta? ¿Qué consecuencias tendrá? ¿Qué no nos están diciendo? Cada una de esas preguntas agrega valor a una información y cada respuesta que encontramos contribuye a diferenciar el periodismo de la simple reproducción de contenidos.

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Informar ya no es suficiente
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La velocidad no puede sustituir el criterio

La urgencia forma parte de nuestro trabajo porque una noticia que ocurre ahora necesita ser contada ahora, pero eso no significa que la rapidez y el rigor deban convertirse en conceptos opuestos, ya que publicar primero puede representar una ventaja durante algunos minutos, pero publicar una información incorrecta puede destruir confianza durante mucho más tiempo.

La credibilidad se construye precisamente en esas pequeñas decisiones cotidianas: verificar antes de afirmar, contrastar antes de publicar y reconocer cuando todavía no contamos con información suficiente; también implica entender que no todo lo viral es noticia, que no toda declaración merece convertirse en titular, que no todo contenido capaz de generar clics ayuda a comprender una realidad y que algunas veces ejercer buen periodismo significa resistir la presión de publicar hasta tener elementos suficientes para hacerlo con responsabilidad.

Nuestro valor está en lo que añadimos

La inteligencia artificial ha hecho todavía más evidente esta discusión, ya que hoy una herramienta puede resumir documentos, organizar datos, redactar textos, transformar entrevistas en contenidos y producir múltiples versiones de una información en segundos.

Precisamente por eso, una de las conclusiones que hemos ido construyendo en el diplomado es que el valor del periodista no puede medirse únicamente por su capacidad de producir textos.

Lo reitero, nuestro valor está también antes. Está en conseguir la información, desarrollar una fuente, formular la pregunta adecuada, detectar una contradicción, descubrir que una cifra no coincide, identificar una historia donde aparentemente solo había datos, comprender qué asunto merece una segunda mirada.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a procesar lo conocido, pero el periodista tiene la responsabilidad de salir a buscar aquello que todavía no conocemos. Y esa diferencia será cada vez más importante.

Recuperar la curiosidad

Hablar de inteligencia artificial también nos obliga a revisar cómo estamos formando a quienes comienzan en la profesión.

Es cierto que es importante escribir bien, conocer las plataformas, entender las métricas, el video, las audiencias y las herramientas digitales, aprendiendo a utilizar responsablemente la inteligencia artificial, pero nada de eso sustituye la curiosidad… ese impulso de preguntar por qué, de no conformarse con la primera respuesta y de querer saber quién tomó una decisión, cómo se tomó, cuánto costó, quién se beneficia, quién pierde, qué consecuencias tendrá y qué parte de la historia todavía permanece oculta.

Un periodista puede manejar perfectamente todas las herramientas tecnológicas disponibles y aun así ser incapaz de encontrar una buena historia porque las herramientas ayudan a hacer el trabajo, pero la curiosidad es lo que nos permite saber qué trabajo vale la pena hacer.

La inteligencia artificial también nos obliga a mirarnos

Quizás uno de los aportes más importantes de esta conversación sobre inteligencia artificial no tenga que ver exclusivamente con la tecnología sino con nosotros.

La aparición de herramientas capaces de escribir, resumir, traducir, analizar y organizar información nos está obligando a identificar cuáles partes de nuestra labor pueden automatizarse y cuáles constituyen verdaderamente el corazón del oficio.

Eso no debería llevarnos únicamente a preguntarnos qué puestos podrían desaparecer o qué funciones cambiarán, debería llevarnos a una pregunta mucho más incómoda y, al mismo tiempo, necesaria: ¿Qué estamos aportando nosotros?

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La respuesta debería obligarnos a elevar el nivel con mejores preguntas y fuentes más robustas; también a encontrar más contexto, hacer más investigación, tener más criterio y capacidad para identificar lo verdaderamente relevante detrás de la abundancia de información.

Esa ha sido precisamente una de las reflexiones más valiosas surgidas durante el diplomado organizado por Banco Santa Cruz e INTEC: la inteligencia artificial no elimina la necesidad del periodista, pero sí nos obliga a justificar mejor nuestro papel. Y hacerlo no desde el miedo a la tecnología, sino desde la calidad de nuestro trabajo.

Informar ya no es suficiente
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El periodismo tiene que justificar su lugar

Las audiencias ya no necesitan necesariamente a un medio para enterarse de que algo ocurrió, muchas veces reciben primero la información a través de una red social, un grupo de mensajería, una transmisión en vivo o directamente de la persona o institución involucrada.

Nuestra audiencia nos necesita para algo diferente: para confirmar si es verdad, comprender qué significa, conocer aquello que no aparece en la primera versión y distinguir entre hechos, propaganda, intereses, manipulación y ruido; también nos necesita para conectar acontecimientos que aisladamente parecen no tener relación y hacer las preguntas que quienes tienen el poder, pero preferirían no responder.

Ahí debemos concentrar nuestros esfuerzos… porque si el periodista termina ofreciendo exactamente lo mismo que una cuenta de redes sociales, un departamento de relaciones públicas o una herramienta capaz de reorganizar información ya disponible, será cada vez más difícil explicar por qué nuestro trabajo importa.

El periodismo no puede vivir solamente de la autoridad que tuvo, tiene que demostrar su valor todos los días. Y quizás hacerlo implique recuperar algunas de las cosas más sencillas que siempre definieron este oficio: preguntar, escuchar, contrastar, buscar, dudar, comprobar y explicar.

Es importante entender, reconocer y aceptar que en estos tiempos debemos repetir menos y preguntas más; que tenemos que tener menos prisa por llenar espacios y más interés por comprender; siendo la regla entregar menos contenido producido por obligación y más información capaz de aportar algo que antes no sabíamos.

Ahí puede estar una de las claves para recuperar la confianza de las audiencias… ya no podemos pedirles que crean en nosotros únicamente porque somos periodistas.

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