“Toda marca con una reputación NO CREIBLE, pierde rápidamente su posicionamiento”

Una constante en la Comunicación Corporativa y Relaciones Públicas es la manera en la que el marketing y la gestión de medios deben coexistir. Es muy común que se les mezcle y se les entienda como una misma gestión, en la que en muchos casos una depende de la otra.

Pues no, el marketing y la gestión de medios son dos alas separadas que coexisten, pero que equilibran el avión (empresa), y que lleva como pasajeros una comunicación efectiva y una reputación positiva de la marca o de las marcas, en el caso de las empresas de múltiples productos y servicios.

Si bien es cierto, cuando nace una marca su primer paso está basado en la creación de la identidad de esta, que normalmente se da a conocer a través de un ‘marketing publicitario’, alineado a una estrategia de comunicación, con mensajes claves que buscan dejar en el público que les consume, un sello con el que serán recordado en el tiempo; pero es también cierto que ya creada esa imagen se necesita sostenerla. El sostén de toda marca será la reputación que se haya creado alrededor de ella cuando el público consumidor (ya sea de productos o servicios), de fe y testimonio de que lo que se publicitó era real y no publicidad engañosa, con valores agregados. Es aquí donde entra el trabajo reputacional.

¿Cómo funciona?, pues de muchas formas. Aquí hay un trabajo fundamental de Relaciones Públicas y de Relaciones Institucionales en el que las empresas deben desarrollar una estrategia de acceso a los diferentes públicos objetivos que conforman todas las patas de la mesa que sostendrá la reputación de la marca. Acceso a grupos empresariales, sectores gubernamentales que impactan directo en el producto o servicio, clientes, suplidores, colaboradores, marcas aliadas, ONG´s, competencias, y, cómo no, los medios de
comunicación.

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El medio de comunicación o prensa, debe ser la forma más rápida, efectiva y directa de mejorar o de debilitar la reputación de una marca, sobre todo hoy día donde la inmediatez y las redes sociales permiten que las informaciones corran a una velocidad excesiva y a la que todos tienen acceso.

He escuchado como relacionadora pública en múltiples ocasiones y de diversas marcas: la prensa no me interesa, no es mi ‘target’. ¡Error! Sin prensa no hay credibilidad, y sin credibilidad no existe la buena reputación. Toda marca con una reputación NO CREIBLE, pierde rápidamente todo su posicionamiento.

Un elemento fundamental para la creación de la buena reputación es la rendición de cuentas. ¿Cómo las marcas impactan? ¿A quiénes impactan? ¿Cuáles han sido sus logros? ¿Cuál ha sido su aceptación demostrable en sentido general? ¿Cómo evoluciona? ¿Qué aportes deja a su sector y al país directamente? ¿Qué alcance ha logrado? ¿Es una marca que suma o resta?, y todo esto no se demuestra con la publicidad, sino con una buena gestión de medios, de relaciones públicas y de relaciones institucionales que sostengan
mediante distintos escenarios, de alcance multitudinario, los aspectos que dan a las marcas una credibilidad incuestionable.

Leí en una ocasión una frase de un autor llamado Albert Lasker que dictaba: “Si el producto NO se vende SIN publicidad, difícilmente se venderá con publicidad”.

Todo producto, marca, empresa y persona que base su estrategia enfocada en solo marketing y ventas, quedará enterrado en el tiempo como una máquina de hacer dinero, sin memorias de una historia que contar y sin un público, o un país al que impactar.

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