Contrario a lo que las personas puedan pensar, el compañero de Realengo, que se ha hecho famoso satirizando en sus caricaturas la realidad dominicana, quiere que los políticos lo dejen sin temas de corrupción, ineptitud, nepotismo, etcétera, etcétera y etcétera, pues la lista de estas acciones y comportamientos cuestionables “pica y se extiende” en el país.

Cristian Hernández afirma categóricamente que seguirá “caricaturizando nuestra realidad, denunciando las precariedades reinantes en el país, así como los desaciertos o ‘indelicadezas’ de quienes nos dirigen”.

Confiesa que cada día le gustaría dibujar un chiste, pero lamentablemente en República Dominicana hay mucho que denunciar… “quisiera tener que empeñarme más a fondo y tratar de sacar de donde no hay para poder realizar mis caricaturas, porque eso quiere decir que estamos avanzando”.

@Cristiancaricaturas, como se conoce en su cuenta de Instagram seguida por 31.3K (la módica suma de 31 mil 300 seguidores), es la viva estampa de un artista cotidiano -sencillo, claro, preciso y talentoso- que asegura con fervor que “¡una imagen vale más que mil palabras… y yo lo digo con caricaturas!”

La caricatura es su pasión. “Me hace sentir bien cuando la gente hace suya mi caricatura; opina, la aplaude, la comparte y se siente identificada con lo que logro expresar en una o en par de imágenes”.

Al preguntarle sobre los valores y talentos que hacen que un caricaturista se destaque, él nos responde que lo principal es informarse bien sobre el o los temas a tratar, aun cuando sea un simple chiste se debe colocar en su contexto, tratando de ser lo más objetivo posible.

Es difícil cuando tocas un tema, no afectar a un sector, pero no quiere decir que lo que estás expresando sea falso. Si el tema es político, te ubican en una parcela o en la otra; también sucede que los que hoy te la aplauden, al día siguiente, pudieras no ser santo de su devoción”.

Si lo quieren o lo odian, personalmente le es indiferente. Afirma que no está en favor ni en contra de nadie y no tiene aliados ni adversarios preferidos, “solo fijo posturas sobre hechos, realidades y sucesos, pues lo que me importa es que la voz de la gente, dolida y afectada por los excesos del poder, tenga un eco público en mis dibujos”.

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¿Quién es Cristian?

Sin titubeos afirma que es “el segundo de los cinco hijos que Mima trajo al mundo”, orgulloso de haber crecido en los tiempos que se impartía una materia en vía de extinción llamada Moral y Cívica.

Huérfano de padre a los cuatro años, a él y sus hermanos les tocó pertenecer, a temprana edad, a la generación de “ventas ambulantes”. Sin embargo, el arte estaba en su destino. Tocó a su puerta en forma de “comics” y. con un ejemplar, inició un negocio de alquiler de paquitos en su casa.

Su facilidad para el dibujo de letras y figuras le permitió insertarse en el negocio de hacer letreros para negocios. Y, un día, encontró un poster de Harold Priego en una pared que le mostró el camino que debía tomar su vida: la caricatura. Su primer trabajo como ilustrador fue en un cancionero y decide ingresar a la Facultad de Artesa de la UASD a estudiar Publicidad.

Su primera oportunidad en los medios fue en El Nuevo Diario, en 1989. A la fecha ha compartido su arte en revistas, publicaciones educativas, carteles y comics, entre los que están DDT, Rambo III (parte atrás) y “El día que Batman tuvo que hacer una fuercecita más grande de la cuenta”.

Actualmente es caricaturista de los periódicos El Día y El Nacional, el semanario Fuáquiti y, a partir de hoy, en ENCUENTROS INTERACTIVOS, además de colaborar en otros medios nacionales.

En su libro “10 años de caricaturas en el periódico El Día”, escribió: “Quienes me conocen saben que nos soy de mucho teorizar, ni tengo discurso elaborado para estremecer a la gente por la vía de las palabras. Como artista gráfico, mi área de expresión está en el silencio del taller y no en la expresividad de los espacios públicos”.

Vida de caricatura

Para Cristian, los caricaturistas son “un patrimonio de difícil tenencia particular de nadie… ni del poder ni de los intereses opositores”. A él le basta con tener a mano instrumentos para dibujar a diario, el resto es aportado por las personas, con sus hechos escandalosos o alarmantes.

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“Somos una voz que pretende ser expresión de lo que la gente anhela, desea o necesita: una voz que censura y denuncia los antivalores ciudadanos, que pone su ojo sobre la economía, política, seguridad e inseguridad pública, los servicios y el tránsito… y lo mostramos con poca o ninguna palabra”.

Realengo y yo

Aunque acompaña a Cristian Hernández desde 1990 en sus caricaturas, tiempo en que solo era llamado como «Chibi», es un 30 de julio de 2004 que este perrito callejero es bautizado con el nombre de Realengo, personaje que le ha ayudado contar mejor sus historias.

Sobre él, Cristian ha escrito: “Realengo es mi fiel compañero. Ha estado a mi lado a lo largo de mi trayecto como caricaturista, en ocasiones con un papel protagónico o como simple observador del diario vivir. Él me ha ayudado a lograr, cada día, una caricatura que sea novedosa, atractiva y que exprese el sentir de la gente”.

En tiempos de Covid-19

En la actualidad, indica Cristian, el país sigue teniendo los mismos temas de décadas atrás, ahora profundizándose más con la pandemia de la Covid-19 y la situación de la economía. Agrega: “Es una pena porque tenemos que resaltar constantemente las mismas precariedades por la que atraviesa la nación. Aunque decimos ‘el pueblo ya despertó’, seguimos asumiendo como casi natural muchos de los males que nos afectan”.

 

 

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