En este transitar apresurado, de días a días, de sol y a veces lluvia, en este fluir permanente de las redes sociales, con sus sazones y desazones: de denuncias sociales y no sociales, de sobre exposición de discursos y conceptos de toda índole, la iniciativa Encuentros Interactivos se perfila como un espacio para crecer.
Encontramos dos puntos importantes en la relación editores-relacionistas públicos, las verdes y las maduras se expusieron en un primer encuentro que acogió diversidad de enfoques entre profesionales deseosos de mejorar sus dinámicas de trabajo y, porque no, afianzar más sus relaciones personales.
Durante el año nos cruzamos en la calle, en los café, en los bares, la línea teléfonica y el internet, pero usualmente no nos sentamos todos en la mesa a discutir temas comunes de nuestra profesión y nuestros roles actuales. Y en eso, la primera versión de Encuentros Interactivos fue un fecundo y atinado intercambio de experiencias, de enfoques diferentes, de intereses de los medios de comunicación y el relacionista, lo que al final concluyó en útiles consejos, decálogos y recomendaciones.
En unas pocas horas y en el espacio idóneo, la dinámica «lo que me gusta y lo que no me gusta, el lado de las editoras de las páginas sociales de los periódicos y de la televisión» desarrolló ampliamente un rosario de experiencias y precisiones que van desde la hora y forma de enviar una nota de prensa, hasta «no me llamen tan temprano».
Y al otro lado de la calle, los relacionistas públicos, aquellos que planifican como iniciativa privada y se dedican a planificar acciones, convocar a la prensa, armar historias para los no asistentes y dar seguimiento a las publicaciones, tuvieron la oportunidad de calzar los zapatos de los comunicadores, caminar a su acera y sentarse en el «contén» a conversar. Frente a frente dos actores importantes en el fluir de las relaciones públicas y la colocación de notas de prensa.
Toda la discusión, el diálogo e intercambio, tuvo el preámbulo de un colega que pasó por las redacciones como redactor y como editor, y su formación amplia e incluyente le ha permitido, ahora, erigirse como uno de los sabios y estrategas de la comunicación, sobre todo de la comunicación corporativa.
Melvin Peña, amén de su moderación, en ocasiones osada, edificó a los sentados en el salón sobre la relación relacionista-editora desde el enfoque del interés de cada parte y la necesidad de convertir en interesantes las historias escritas en el papel en blanco. En este encuentro fraterno, interactivo, como su nombre indica, se expusieron «lo que me gusta» y «lo que no me gusta», es decir, las experiencias de cada quien en su rol, que afinaron una especie de decálogo de lo que se debe y no se debe hacer.
Expresiones como «no me gusta que me llamen por la mañana ni manden las informaciones más de una vez» y «nuestro trabajo facilita informaciones para los medios» formaron parte del intercambio de intereses mutuos cuya contribución ha sido la mejoria en el trabajo de editores y relacionistas como resultado más satisfactorios en cada lado.
Y este fecundo fluir de ideas nos sentó a todos ese día y promete hacerlo varios días al año, gracias a la iniciativa de las comunicadores Lady Reyes y Ana Mercy Otáñez. Al finalizar el debate, la tertulia se extendió más tiempo de manera personal y todos siguieron «interactuando» ya sin el micrófono ni el moderador, con una idea en común: seguir apoyando propuestas como estas, pues ayudan a mejorar y crecer.







