Desde que estudiamos en las aulas se nos habla de la responsabilidad que tenemos de comunicar los hechos, de buscar y escudriñar la noticia y de informar a nuestros lectores. Básicamente ese es el pilar de la labor del periodista y de los medios de comunicación que, día a día, se multiplican, en especial en esta era digital y cibernética, donde muchos asumen el rol de difundir información por estar en el lugar y el momento adecuado… el golpe de suerte de la tecnología se podría decir.

Y en esa dinámica, los periodistas y los medios se han dejado arrastrar por la inmediatez de las redes sociales y los espacios electrónicos que, con un solo clic, ponen a disposición de miles de personas, tal vez millones, todo tipo de información detrás de unos «likes». Y uno se pregunta, ¿hacia dónde vamos y qué vamos a hacer para sobrevivir a los «periodistas empíricos» que la era digital va multiplicando. Es ahí que pensamos en el poder de llegar a tantas personas y la «responsabilidad» de aportar.

No somos los protagonistas. Eso es un hecho. Somos los que tenemos la responsabilidad de dar a conocer los hechos y, en esa dinámica, convertimos a muchos en protagonistas, pero más allá de esto, es deber destacar que «nuestra responsabilidad» tiene su origen en lo que los comunicadores conocemos como la Teoría de la Responsabilidad Social de la ¨Prensa, planteada en 1947 a raíz del Informe de la Comisión Hutchins, en la Universidad de Chicago.

En ese momento, se señaló cinco funciones que deberían cumplir los medios y, por ende, los comunicadores en la sociedad.

  1. Hacer un relato compresivo y real de los acontecimientos diarios con contexto y sentido.
  2. Servir de foro para el intercambio de comentarios y críticas.
  3. Proyectar la visión de la realidad de los grupos relevantes en la sociedad.
  4. Presentar y explicar las metas y valores de la sociedad.
  5. Garantizar el acceso pleno a la in formación relevante del día

Mantener viva la llama

De esta forma surge la concepción social de la información. Y aunque estos parámetros pudiéramos considerarlos obsoletos en esta era digital, no debemos echarlos al saco del olvido. Debe ser nuestro norte mantenerlos vivos en nuestro día a día. No debemos seguir considerando a los medios como una industria más en el mercado libre de las ideas, sino como entes con una responsabilidad ante la comunidad y el bienestar general… y esa responsabilidad social carece de sentido si no se sitúa dentro de un contexto ético.

La mayoría de los códigos deontológicos recogen una apelación común a la Responsabilidad Social de los Medios o del Periodista  y así lo deja bien claro el Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO, en su Principio III:

«En el periodismo, la información se comprende como un bien social y no como un simple producto. Esto significa que el periodista comparte la responsabilidad de la información transmitida. El periodista es, por tanto, responsable no sólo frente a los que dominan los medios de comunicación, sino, en último análisis, frente al gran público, tomando en cuenta la diversidad de los intereses sociales. La responsabilidad social del periodista implica que éste actúe en todas las circunstancias en conformidad con su propia conciencia ética».

En síntesis, se podría decir que la responsabilidad social del periodista requiere que actuemos, en todas las circunstancias, según los principios de la ética profesional, pues de qué nos sirve destacarnos como medio o comunicador si, al hacerlo, violentamos la verdad y sembramos en nuestros lectores la semilla de la duda o ahondamos más la ignorancia.

Credibilidad

La credibilidad de un medio y un periodista es su bien más preciado y mantenerlo como valor debe ser la meta de todos los que trabajamos en el mundo de la comunicación. Al lograr esto, lo siguiente es pensar qué podemos hacer para brindar, además de las noticias tradicionales de la política y el mundo laboral, contenido que contribuya a mejorar la sociedad, resaltando esos valores que, hoy, están naufragando en mareas turbulentas.

Pensar en cómo nosotros, como comunicadores y seres humanos, podemos ayudar a mejorar nuestro entorno con acciones y proyectos que aporten al crecimiento de los demás no debe ser una utopía. Asumir roles proactivos como comunicadores para el bienestar común, en especial el de nuestro sector, sin intereses soterrados, son pasos firmes que nos encaminan a ejercer nuestra profesión con verdadera responsabilidad social.

 

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