Orlando Martínez

Nacido en Las Matas de Farfán, San Juan de la Maguana, un 23 de septiembre de 1944, Orlando Martínez Howley es recordado como un hombre tranquilo, políticamente comprometido, pero sin estridencias… Si alguna vez se le conocieron excesos fue en las opiniones que emitía como periodista, identificado con la política de izquierda.

El creador de la columna Microscopio de El Nacional que tuvo como epígrafe una frase de Terencio que decía “Nada humano me es ajeno”, estudió en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), llegando a ser uno de los periodistas mas destacado de la República Dominicana.

Fue miembro del Partido Comunista Dominicano, así como director ejecutivo de la revista Ahora, llegando a ser un crítico del gobierno de los doce años de Joaquín Balaguer a través de sus artículos.

Orlando Martínez se convirtió en símbolo de la libertad de expresión en República Dominicana al ser asesinado el 17 de marzo de 1975, semanas después de dedicarle una carta a Balaguer.

Nuestra memoria es la llama que mantiene vivo a los mártires y por eso hoy compartimos su contenido de manera íntegra:

Señor presidente de la República, ya que usted impide que un artista del prestigio y la calidad moral de Silvano Lora viva en su Patria, ya que dejar en el extranjero a dominicanos le produce placer o ganancias politiqueras, me voy a permitir hacerles algunas recomendaciones.

Espero que sobre todo medite la última. Como Usted ha dicho que, en este gobierno, y parece ser cierto, la corrupción sólo se detiene en la puerta de su oficina, ¿Por qué no saca de la República Dominicana a todos esos corruptos? Como aquí existe una galopante inflación de delincuentes sin uniformar y, según usted, también uniformados, ¿por qué no les ordena a los calieses del régimen que los apresen y los metan en un avión? ¿Por qué no les dice a los genízaros que prestan servicio en el aeropuerto que apresen no a los que traen cigarrillos de marihuana, sino a los pejes gordos del tráfico de drogas?

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¿Por qué no manda al exilio a los que reciben comisiones para negociar contratos que entregan nuestras riquezas a las compañías multinacionales? ¿Por qué no instala en un barco a los latifundistas, a los que están negados a que este país salga del subdesarrollo y de la situación de miseria colectiva que lo acompaña?

¿Por qué no entra en ese mismo barco a quienes en la ciudad son el soporte ideológico de esos terratenientes? Y también a quienes son el sostén armado, los que dan palos, apresan y torturan campesinos que luchan por sus derechos. Como Usted es enllave de los norteamericanos, ¿por qué no le solicita un portaaviones para enviar al lugar que fuese a los numerosos calieses que viven del trabajo del pueblo?

En caso de que su amistad con los Estados Unidos sea más estrecha de lo que sospechamos, ¿Por qué no le pide al Pentágono un cohete último modelo con el objetivo científico de crear una colonia de calieses en la luna? ¿Por qué no desaparece de la vista de los dominicanos honrados, que son la mayoría, a todos los vagos que en este gobierno cobran sin trabajar?

¿Porqué, tómelo en cuenta, no deposita en un cómodo asiento de primera a los funcionarios irresponsables que se las dan de Fouché contemporáneos y a la hora de la responsabilidad no dan la cara?

Y mi recomendación final: Si es inevitable que esta situación continúe, si es imposible evitar actos indignantes y miserables como el que presencié el domingo en el aeropuerto, ¿porqué, doctor Balaguer, no se decide Usted a subirse en el avión o el barco y desaparece definitivamente de este país junto a todos los anteriormente mencionados?

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El caso de su muerte duró impune veinte largos años, hasta que en 1996 sube al poder el Dr. Leonel Fernández y ordena la reapertura del caso. Cuatro hombres fueron acusados por este crimen y en el año 2000 recibieron una condena de 30 años. Durante el juicio, veinticinco años después del homicidio, fueron condenados el general Salvador Lluvéres Montás y el general Joaquín A Pou Castro. Otros dos hombres fueron declarados culpables, incluyendo a un oficial de la fuerza aérea anterior.

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, dice una canción de Joan Manuel Serrat. Es difícil concluir que la lucha por mejorar las condiciones políticas o económicas de la sociedad es inútil o que no vale la pena, porque las nuevas generaciones no lo reconocerán o porque a quien se compromete socialmente le acecha la muerte en cualquier esquina. Lo cierto es que entregarse o resignarse no será nunca una opción para los grandes periodistas.

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