Los medios tradicionales y las plataformas digitales representan dos formas de hacer llegar la información con ciertas diferencias, cuyos contenidos pueden ser consumidos por todo tipo de públicos. Cada una tiene su formato e incidencia, sin embargo, siempre está latente la discusión de si uno eliminará al otro o si uno es más importante que el otro. 

En el reciente panel “Valor de los medios digitales en la proyección de contenidos gastronómicos” que dio inicio al Foro Gastronómico Dominicano, organizado por la Fundación Sabores Dominicanos, y en todas las conversaciones donde teorizamos sobre la comunicación, sostengo y siempre sostendré que cada medio, sin importar su plataforma nativa, cumple con un rol y tiene una importancia.

Sigo pensando que el problema real radica en la fragilidad que le hemos querido endilgar a los medios y sus contenidos al creer que hay que ir detrás de la audiencia cuando, décadas atrás, era la audiencia la que seguía a los medios; o en la renuncia a nuestro rol de guía y educadores al adoptar el paternalismo político de nuestros líderes de dar todo más fácil y resumido con escritos que no causen dificultad en su lectura, por lo que afirman los más recientes estudios de que «ya la gente no lee tanto».

Sin embargo, el mayor error que se comete desde los medios es creer que estamos o debemos escribir para analfabetos o, como dicen en buen dominicano ‘para gente bruta’,  siguiendo la máxima de Julio César, «pan y circo para el pueblo». Lo que está pasando ahora es que, desde los medios, se están sacrificando los buenos temas y sus teorías ideológicas para, desde la frugalidad de la información, enganchar a los ‘jóvenes lectores’ porque son el futuro de la lectoría.

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Crecí leyendo periódicos, subrayando las palabras que no conocía y buscando su significado en mi pequeño Larousse, y luego de mis tareas escolares disponía de tiempo para leer, ya sea si conseguía un libro prestado entre mis compañeros de estudios y profesores, porque mis padres no podían comprarlos, o porque me quedaba en la biblioteca del politécnico donde estudié -que cerraba a las 8:00 de la noche-. Tal vez soy de una generación que se está diluyendo en el tiempo porque la televisión era cosa de unas horas en las tardes, los celulares brillaban por su ausencia y no teníamos Internet ni redes sociales para, de cierta manera en su lado más negativo, adormecer nuestro cerebro.

No digo que la modernidad y avance que disfrutamos sea malo, todo en la vida tiene sus pros y contras. Lo que sí digo es que, como medios y como periodistas, no sacrifiquemos el contenido por la viralidad y la inmediatez, que exploremos y busquemos alternativas para encontrar ese punto medio que detenga ese carro deportivo que corre a gran velocidad hacia el precipicio de la desinformación, el entretenimiento y la banalidad. Apostemos y aportemos a las nuevas generaciones, seamos guías y modelos a seguir para ellos. Paguemos el precio para ello.

Leí recientemente un artículo sobre los resultados del reciente estudio de Bain & Company, titulado «The New Era of Immersive Entertainment: How will media companies navigate the shift from ‘lean back’ to ‘lean forward’?«, publicado en Laboratorio de Periodismo, o su traducción «La nueva era del entretenimiento inmersivo: ¿Cómo afrontarán las empresas de medios el cambio de ‘inclinarse hacia atrás’ a ‘inclinarse hacia adelante’?».

El principal enfoque que se le daba a los escritos que analizan el estudio era que este anticipa un futuro cercano en el que las plataformas de entretenimiento inmersivo podrían ayudar a aumentar los ingresos de los medios de comunicación. Y es que la monetización es importante para la supervivencia de los medios, eso no está en discusión, vuelvo y digo.

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Destacaban: «Estamos en el umbral de lo que podría denominarse la Era Inmersiva, donde el contenido ‘lean-in’ o contenido en el que los consumidores se implican de forma activa y en tiempo real, ganará terreno frente a las formas de entretenimiento más pasivas o ‘lean-back’. Este cambio se alimenta de múltiples factores: la demanda de los consumidores, especialmente los menores de 35 años; avances tecnológicos como las redes 5G y hardware más potente; y cambios en el mercado, como el crecimiento exponencial en el sector de los videojuegos y las redes sociales».

Afirmaban que las empresas del sector y los medios de comunicación debemos ajustarnos a los nuevos requerimientos de los consumidores, los cuales se están inclinando hacia actividades de entretenimiento más inmersivas como producto de la entrada de la IA generativa y sus derivados como la Realidad Virtual Aumentada. Así es, el tren va a gran velocidad.

La realidad es que hay que subirse al tren, sí o sí. Pero, y aquí abogo a la inteligencia de los que dirigen los medios, hagámoslo sin sacrificar tanto el buen contenido y a los buenos periodistas. Como medios, no nos convirtamos en ovejas, apostemos a ser virales con el contenido, seamos esa brújula para esta y las futuras generaciones… Todavía estamos a tiempo de generar cambios en el consumo de la información. Encontremos ese punto de equilibrio. Veamos este desafío como una oportunidad.

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