Los influencers virtuales (IV), personajes creados digitalmente mediante inteligencia artificial o animación, están transformando el universo del marketing de influencia.
Este fenómeno, cada vez más presente en campañas globales, abre un abanico de oportunidades para las marcas, pero también plantea interrogantes sobre autenticidad, transparencia y conexión emocional.
Expertas de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) analizan el impacto de estas figuras y las implicaciones de su creciente adopción.
Una tendencia en ascenso dentro de la economía de los creadores
Mireia Montaña, directora académica del Máster de Estrategia y Creatividad en Publicidad de la UOC, destaca que los IV marcan un antes y un después en la llamada creator economy.
“Son un tipo de contenido digital escalable, disponible 24/7, que desafía la autenticidad humana y genera un alto engagement gracias a su estética vanguardista y su coherencia con los valores de marca”, explica.
Su atractivo radica en que combinan innovación tecnológica con un control absoluto por parte de las empresas, eliminando riesgos personales y asegurando una imagen impecable en todo momento.
Casos emblemáticos y sectores donde más impactan
Entre los ejemplos más reconocidos se encuentran:
- Lil Miquela, con 2.5 millones de seguidores, referente en moda y lujo (Dior, Prada).
- Lu do Magalu, con 7.5 millones, rostro de la marca Magazine Luiza en Brasil.
- Aitana López, más de 300,000 seguidores y creada como modelo de negocio para campañas rápidas y eficientes (H&M, entre otras).
Estos casos muestran cómo los IV permiten un nivel de control estético total y una reducción significativa de riesgos reputacionales.
Por ello, su impacto se concentra en sectores como moda, belleza, lujo, videojuegos y e-sports, donde prima la imagen y la creatividad; en cambio, su presencia es menor en áreas como salud, educación o finanzas, donde la confianza humana sigue siendo esencial.
Las cifras lo confirman: según Market.us Scoop, el mercado global de influencers virtuales podría alcanzar los 170.2 millones de dólares en 2034, con un crecimiento anual estimado de 39.5 %.
Ventajas y riesgos para las marcas
Neus Soler, profesora e investigadora del grupo i2TIC, afirma que una de las mayores ventajas es el control total del personaje: desde su lenguaje y comportamiento hasta su apariencia y valores públicos.
Esto proyecta innovación, permite escalar globalmente y elimina problemas derivados de crisis personales de influencers humanos.
Además, diversos estudios muestran que la intención de compra impulsada por IV es similar a la generada por influencers reales, especialmente en productos utilitarios.
Sin embargo, no todo es positivo. Las expertas advierten sobre riesgos clave:
- Excesiva artificialidad, que puede generar desconexión emocional.
- Falta de transparencia, especialmente si el público no sabe que se trata de un avatar digital.
- Desafíos culturales, al intentar ser relevantes para audiencias globales muy diversas.
- Dependencia tecnológica, que implica costos, riesgos de seguridad y actualizaciones constantes.
Ética, transparencia y gestión de su identidad
El uso de influencers virtuales obliga a las marcas a gestionar cuidadosamente la identidad digital del personaje, estableciendo pautas éticas claras.
Para Soler, la autenticidad en este contexto se redefine: “No depende de ser humano, sino de la consistencia emocional del personaje y la claridad del propósito de marca”.
Por ello, recomienda supervisar cada publicación con el mismo rigor que a un embajador humano, garantizando coherencia y evitando engaños.
Mirando al futuro
Con el avance de la IA generativa, los IV se volverán más realistas y emocionalmente sofisticados, anticipa Soler.
Las marcas que no adopten estos recursos podrían quedar rezagadas respecto a cómo las nuevas generaciones consumen contenido.
Aun así, la experta recuerda que no basta con crear un avatar: la clave estará en construir experiencias coherentes, creativas y respetuosas con la confianza del público.
Este 30 de noviembre, Día Mundial de los Influencers, se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre estos límites, promover la transparencia y reforzar la alfabetización mediática.
Como afirma Montaña, “detrás del avatar perfecto siempre hay un equipo humano que toma decisiones”.







