A propósito de que hace poco honramos a los periodistas y de que venimos de un espacio de reflexión con motivo de la Semana Santa es prudente hablar del rol del periodista: ¿Para qué estamos convocados?
En el marco de este día es imposible no pensar en la diversidad de profesionales de la prensa -nacionales, locales o internacionales- como referentes de la buena información, de indagar, comparar, no manipular o difamar y muy especialmente de confirmar, precisar, los datos al responder esta inquietud.
El papa Francisco en una entrevista realizada en el periódico La Nación decía que los cuatro pecados del periodista son la desinformación, la calumnia, la difamación y la coprofilia. Añade que el periodista está para informar y por tanto tiene que hacer el esfuerzo para buscarlas, contrastarla y confirmarla.
A pesar de ser humanos, los periodistas estamos llamados a la verdad, a dar opiniones reales, a liberar de prejuicios, maldad y antipatías a la sociedad que impacta.
Debido a la democratización de la comunicación y el alcance de las plataformas sociales y digitales se ha desvirtuado el verdadero rol del periodismo y la comunicación. Hay mucho sensacionalismo, banalidad a cambio de ¨me gusta¨, de hacernos virales, o aspirar a ser influenciadores, a hacer ¨copiado y pegado¨ de las informaciones sin validar y olvidándonos de la coherencia.
En el mundo de hoy el periodista y el comunicador debe sentarse consigo mismo, con la congruencia, con su rol, ética y su calidad humana para decidir si es una cosa o es la otra.







