El fin del ser humano desde que nace es CRECER. Crecemos física y personalmente. Este escrito en particular está enfocado en el crecimiento personal.

En nuestros primeros años de vida, tenemos el reto de aprender a caminar, hablar, escribir, leer y relacionarnos con nuestro entorno social. Luego empezamos a tener conciencia y los desafíos son cada vez más complejos. De repente, estamos a punto de terminar los estudios secundarios, nos enamoramos por primera vez y entramos en crisis existencial porque no sabemos qué carrera elegir.

En mi caso, me imaginaba estudiando psicología o derecho porque a pesar de que mi talento siempre ha sido comunicar, como nativa del campo, nunca consideré la comunicación como carrera; sin embargo, aquí estoy, cursando mi último ciclo universitario de comunicación social.

Nunca voy a olvidar aquel 09 de enero de 2020, el día que salí de mi casa hacia Santiago con apenas 17 años, con una maleta de llena de sueños y con muchos miedos a enfrentarme a algo completamente nuevo para mí, lejos de mi hogar, de mi familia.

Entrar a la universidad era una ilusión que luego me dio un golpe de realidad, y con el tiempo, la única razón para permanecer hasta este punto final, ha sido la fuerza voluntad y mi pasión por comunicar. Hubo muchos momentos en los que quise rendirme y regresar corriendo a mi casa, a los brazos de mi mamá…

Solo los universitarios saben cuán complejo y decepcionante puede ser este camino, empezando porque sabes que de allí solo te llevas el título; sin embargo, yo no cambiaría nada de este proceso porque la Málvelin que llegó a Santiago a estudiar sin saber cruzar la calle, esa que muchas veces tuvo de devolverse porque había tomado una ruta equivocada, no es la misma Málvelin que hoy trabaja, estudia, camina con seguridad por las calles de la cuidad y es independiente. Definitivamente si se topan en un pasillo, no se reconocen.

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Lecciones invaluables
De la universidad, quizás me llevo muy pocas cosas que me sirvan para el ejercicio práctico de mi profesión, pero si me quedo con momentos y personas inefables. Sobre todo, me quedo con la versión de mí que he construido gracias a esta experiencia. Este trayecto me confirma que la decisión de quedarte con las espinas o con las rosas, es tuya, y que las cosas que más nos enseñan son esas que nos duelen y que muchas veces, no entendemos.

Reflexión final
Los momentos de desesperación, a veces no nos permiten ver que cada comienzo es parte de nuestro ciclo de crecimiento. Si, crecer duele, pero el mensaje que quiero que te lleves a leer estas líneas, es que duele más mirar atrás y darte cuenta que los años te pasaron por encima y no hiciste nada encerrado en tus propios límites.

El tiempo pasa, lo aproveches o no; asi que, abraza cada etapa desde la gratitud y con la certeza de que cada acción construye tu realidad.

«El crecimiento comienza donde termina tu zona de confort.» – Karen Salmansohn

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