En un mundo hiperconectado donde se acelera la velocidad con la que circula cada contenido, la verificación se ha convertido en el último bastión de la convivencia y el dialogo social.
Hoy, la desinformación y el discurso de odio no solo distorsionan la conversación pública, sino que erosionan la confianza, polarizan comunidades y afectan decisiones colectivas de alto impacto.
Ambas deformaciones comunicacionales suelen ser amplificadas por algoritmos, las emociones y la inmediatez, lo que moldea percepciones, distorsiona debates y puede transformar hechos aislados en tensiones colectivas.
En el estudio publicado en octubre de este año por el INDOTEL se indica que, en República Dominicana, el 56% de los ciudadanos carece de capacidad para identificar una noticia falsa de una verdadera donde 7 de cada 10 personas han tomado decisiones trascendentales basándose en información incorrecta.
Según este informe, las redes sociales son el principal canal de diseminación de mentiras con el 57% de la propagación de contenido falso, seguidas por la televisión con un 34%, la versión digital de periódicos con un 18% y la prensa impresa con un 16%.
Fortalecer hábitos digitales

Estas cifras son un indicador claro de la urgencia de fortalecer hábitos digitales responsables en todos los niveles de la comunicación personal, profesional y ciudadana.
En un ecosistema donde el Big Data captura y activa la circulación de contenidos y multiplica el impacto de cada clic, la verificación dejó de ser una opción profesional para convertirse en una necesidad democrática.
Hoy, la desinformación y el discurso de odio no solo distorsionan la conversación pública, también erosionan la confianza, polarizan comunidades y afectan decisiones colectivas de alto impacto, una clara señal de la urgencia de educar, contextualizar y contrastar datos antes de difundirlos.
Este desafío no es teórico. Es real, cotidiano y profundamente humano. Afecta la credibilidad, la calidad del debate público, la confianza en instituciones públicas y privadas junto a la capacidad de tomar decisiones informadas.
Cuidar y comunicar
Como profesional de comunicación estratégica me sumo a las iniciativas con este propósito a nivel nacional e internacional impulsando una comunicación ética, contextualizada y consciente, siendo parte activa de esta transformación para cuidar y comunicar.
Contrarrestar la desinformación y el discurso de odio requiere una acción articulada, multisectorial y sostenida en un entorno donde cada dato puede escalar a narrativa y cada narrativa puede convertirse en convicción.
Verificar es un acto de responsabilidad colectiva.







