Foto de Alejandro Escamilla en Unsplash
Foto de Alejandro Escamilla en Unsplash

El oficio del periodismo siempre enfrenta desafíos. Su ejercicio siempre nos ha planteado preguntas que, muchas veces, no tienen respuestas fáciles. Sin embargo, hoy no queremos abordar una teoría compleja ni muchos menos inventarnos fórmulas mágicas que muestren a un super héroe que defiende la verdad y es la voz de los que no tienen voz. Es tiempo de mostrarnos como lo que somos, personas.

Hoy 5 de abril, que celebramos en República Dominicana el Día Nacional del Periodista, nos queremos quedar en la base, en el inicio o, si se quiere, en la esencia que mueve esta profesión. Y si de punto de partida se trata, tenemos por obligatoriedad que mencionar una frase que nos deja grandes enseñanzas, pero, sobre todo, puede ser esa luz que guía a los periodistas de ejercicio y a los jóvenes que coquetean con el deseo de serlo.

El punto de partida de todo profesional no es el tiempo que pasa en una universidad ni muchos menos la experiencia en el ejercicio, bien lo escribió Ryszard Kapuscinski al poner el dedo en la llaga: está en la persona en sí, porque «para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades y sus tragedias».

Es tiempo, para los que no han asumido esta realidad o no la quieren ver, de tomar conciencia. Aprovechemos que hoy también se celebra el Día Mundial de la Conciencia, una fecha promulgada por la ONU en 2019, que consiste en promover una conciencia global en el mundo, más allá de acuerdos políticos o económicos. ¿No les parece paradójico? Periodista es igual a conciencia.

Como profesionales tenemos el llamado a ser conscientes y llevar consciencia, pues, a través de los medios en los que trabajamos o las plataformas que utilizamos para informar, tenemos el compromiso de hacer que las sociedades se hagan más conscientes de sus realidades. Ser críticos, analistas y escudriñadores.

También tenemos la responsabilidad de tener ética, de actuar de la manera correcta y, en la medida de lo posible, encontrar el equilibrio entre los intereses personales, los particulares y los del conglomerado. Esto nos dará la libertad necesaria para hacer lo que debemos hacer. Como en su momento escribió Albert Camus: «Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala».

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En este día y siempre tengamos presente que la sociedad ha cambiado, los lectores de hoy no son los lectores de hace 50 años, y con esta disyuntiva llegan muchas preguntas: ¿Debe este oficio reinventarse? ¿Cuáles son los perfiles profesionales del periodista que se están requiriendo? ¿Cuáles son sus nuevas narrativas? ¿Cuáles son los nuevos modelos de negocio que permitan seguir reconociendo la vulnerabilidad de su producto, la noticia, nutriente principal de la opinión pública, y, por tanto, de la democracia? ¿Qué han aportado las redes sociales y la participación ciudadana en el nuevo escenario periodístico?

Si queremos darle la razón a Gabriel García Márquez cuando dijo que «el periodismo es el mejor oficio del mundo», hay trabajo que hacer. Él también dijo que «ser periodista es tener el privilegio de cambiar algo todos los días». El mundo seguirá cambiando y nosotros con él.

Los cambios traen retos y algunas preguntas que debemos responder: ¿Se podría seguir hablando del oficio del periodismo?; o, dicho de otro modo, ¿seguirá teniendo razón de ser?, ¿se producirá simplemente una mera renovación y puesta al día de sus tareas?

Es tiempo de ser críticos con nosotros mismos, la profesión que elegimos y la forma en la que la ejercemos. Si somos malas personas, seremos malos periodistas y, por ende, haremos que nuestra sociedad sea el reflejo de lo que somos.

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