En sectores como la comunicación y el periodismo, la gestión de emociones es una necesidad que puede tener tanto ventajas como consecuencias negativas, pues -en la mayoría de los trabajos- se espera que los profesionales mantengan una actitud positiva, sean productivos y estén al día de los acontecimientos, incluso cuando no lo sienten o no pueden.
Este fenómeno, conocido como trabajo emocional, fue introducido por la socióloga estadounidense Arlie Russell Hochschild en su libro ‘The Managed Heart. Commercialization of Human Feeling’ y, en un artículo de Eva Rimbau, profesora en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), este «consiste en suprimir o modificar las propias emociones para representar una emoción adecuada en los lugares de trabajo, a menudo para influir en los sentimientos de las personas o compañeros».
En otras palabras, se trata de adecuar las emociones que se muestran a las exigencias laborales, una práctica que, si bien puede tener beneficios, también conlleva riesgos. Y así lo advierten los expertos, ya que muchos se están enfrentando a situaciones emocionalmente perturbadoras en sus empleos, cumpliendo métricas y lidiando con sus propias emociones que, en el caso de los profesionales de la comunicación, se sobrecarga con todas las informaciones que reciben, procesan y exponen en los medios.
Rimbau, sostiene que hay posiciones que «son más propensas a enfrentar personas enfadadas, lo que obliga a los trabajadores a ocultar sus sentimientos, soportar niveles elevados de estrés y lidiar con situaciones emocionalmente perturbadoras», donde la falta de protocolos, formación y recursos adecuados agrava la carga emocional de cada profesional.
Es tiempo que, desde los puestos directivos de los medios de comunicación, empecemos a considerar la salud emocional de nuestros colaboradores, a quienes se les exige hora de entrada, sin tiempo exacto de salida, donde se afronta una doble o triple jornada si la noticia o el cliente lo requiere, sumando un segundo o tercer trabajo por la mala remuneración del primero… por el mal entendido término «vocación» que se le endilga a los periodistas y su pasión por la comunicación, obviando que son personas que también buscan su sustento y el de los suyos.
Los riesgos de que esta práctica siga ya están a la vista, siendo el burnout o síndrome de agotamiento una bola de nieve que está chocando con muchos profesionales del área, en especial después de la pandemia del Covid-19, con síntomas como ‘agotamiento emocional extremo, frustración, insatisfacción y apatía’.
Se hace necesario más apoyo para potenciar los aspectos positivos del trabajo y mitigar sus efectos negativos, siendo fundamental que las organizaciones implementen ciertas estrategias. En su artículo, Rimbau sugiere que «las empresas ofrezcan recompensas adecuadas, seguridad laboral y reconocimiento», lo que crea una base sólida para apoyar al colaborador, «también es crucial que las expectativas emocionales de la empresa coincidan con las de los empleados y que se promueva el apoyo mutuo a través de reuniones periódicas y actividades sociales».
Por otro lado, Rimbau propone reevaluar el mantra «el cliente siempre tiene la razón» para reducir el estrés de los trabajadores frente a las personas difíciles. Enfatiza la importancia de la formación emocional dentro de las empresas para responder a las necesidades de los colaboradores y ofrecerles un apoyo psicológico efectivo.
Como cierre, es importante que también los profesionales puedan adoptar estrategias personales como compartir emociones con colegas, mantener una vida social activa fuera del trabajo, reforzar su identidad personal para no permitir que el trabajo defina quiénes son y, si nada de esto funciona, buscar apoyo de un profesional de la conducta. Mucho se puede evitar cuando se tiene una perspectiva diferente desde la acera de enfrente.







