“El tiempo pasa volando”, últimamente mi frase favorita, aunque quiero pensar que es porque vemos nacer, crecer y dar frutos a lo que amamos, y no porque nos hacemos mayores o nos vamos poniendo viejos. Parece que fue ayer que le repetía, encuentro tras encuentro de amigas, a Ana Mercy que tenía un sueño y que lo haríamos realidad y ella, con escepticismo, me miraba y me decía: “Estás segura o tienes fiebre”.
Hasta que un día de principios de octubre de 2011, carpeta en mano y unas cuantas ideas garabateadas en unas hojas, llegué a su casa y le dije: “Siéntate y vamos a trabajar” y con unas copas de vino, como se conversan las grandes cosas, empezamos a armar el muñeco de Encuentros Interactivos, que un mes más tarde fue una realidad, y, sin hacer el cuento muy largo, el pasado 8 de noviembre celebramos el primer año.
Las carreras de esos días fueron largas y dieron a nuestros cuerpos más agotamiento del que podíamos soportar -eso creíamos ambas-, sin embargo, paso a paso, logramos sumar voluntades y conquistar con nuestros argumentos idealistas a quienes lideraban las principales oficinas de relaciones públicas de la ciudad para que nos dieran su apoyo, y a nuestros colegas para enriquecieran con su presencia el evento.
Hoy confieso que todavía me pregunto si el apoyo que recibimos tenía su base en el afecto y relación que he cultivado en mis 20 años de ejercicio profesional o si, en verdad, todos valoraban este sueño como lo hacía mi cabeza y corazón. La experiencia me ha dicho que esa especulación debo dejarla en el pasado, pues al cumplir nuestro primer año Encuentros Interactivos es aceptado como lo que es: un espacio para crecer.
En el primer año, que celebramos con la participación de Nuria Piera, hice honor a lo que tanto predico en mis escritos en el periódico El Día: agradecí a mi Dios por su guía y sostén; y a mis tres hijos, Oliver, Gabriel y Francis, por su comprensión en las horas que les robé para prestarlas a ese nuevo hijo.
Mis siguientes palabras de agradecimiento van para un lugar muy especial, ese espacio que, evento tras evento, nos acoge en sus salones: el hotel El Embajador, en la persona de su director, Ventura Serra, quien una mañana de octubre recibió a dos amigas que llegaban con un proyecto en mano a solicitar cobijo y que salieron de su oficina con una sonrisa de oreja a oreja, pues el primer paso ya estaba dado. Ya teníamos casa para nuestro encuentro y la pelea estaba medio ganada, y nos dijimos: “manos a la obra”.
Concluyo mi agradecimiento al reconocer la solidaridad de nuestros expositores Melvin Peña, Maribel Lazala, Jacqueline Ventura, Yaira Cassó, Miguel Franjul, Saúl Pimentel y Rafael Molina Morillo, quienes no lo pensaron dos veces para decir “sí”; así como a nuestros patrocinadores, relacionistas públicos, marcas y empresas, pues sin su apoyo el proyecto estaría en pañales y no caminando con firmeza en el día de hoy; y a nuestros colegas y amigos por acompañarnos en cada convocatoria que hacemos.
En muchas ocasiones me han dicho “soñadora”. Al mirar atrás, confirmo que para tener realidades, primero debemos tener sueños y luego trabajar por ellos. Encuentros Interactivos es la muestra de que “cuando se quiere se puede y cuando se puede se logran cambios”. Gracias a todos por acompañarnos en esta maravillosa aventura de aprender, compartir e interactuar.







