Si, la columna de opinión Desde Mi Escritorio de esta semana, que sale publicada cada lunes en el periódico El Día, tiene título de un libro, para ser más específica, de la obra que es autoría del doctor Mario Alonso Puig.

Lo elegí porque, en el día a día, no es una ni dos, las veces que escucho a las personas decir “soy así”, “no puedo cambiar” o, peor aún, “todos en mi familia somos así”, limitando nuestra capacidad de aprendizaje, transformación o mejora por esas creencias limitantes instaladas en nuestra mente.

Está mas que demostrado que hay una relación entre el cerebro, la cabeza y lo que nos ocurre y sucede. Por eso es necesario entender que la mente puede ser nuestra principal aliada, pero también nuestra mayor rival… y ella no debe andar “suelta en la sabana” cual caballo desbocado porque “nuestros pensamientos influyen en nuestros comportamientos y emociones”.

Así de simple y sin anestesia, debemos empezar a aceptar que esas ideas, miedos, discursos aterradores, pensamientos que no paran de dar vueltas en la mente, van construyendo una realidad en nuestro interior que, de tanto repetirlos, nos los creemos. Y es que hemos decretado como realidad aquello que tanto tememos.

Y, después, nos preguntamos, con la queja a flor de piel, ¿por qué me pasan tantas cosas negativas a mí? Si queremos incrementar la autovaloración e impulsar habilidades como el intelecto, memoria, intuición, imaginación, liderazgo o espíritu emprendedor, tenemos que despertar todo ese intelecto que tenemos enterrado y dormido a fuerza de pura rutina, aceptación y resignación.

Vuelvo y les repito la trillada frase de Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Aquí me apalanco en dos buenas noticias, aunque no lo pensemos así.

La primera: somos, en gran parte, los responsables de lo que sentimos. No es el entorno el que genera nuestra ansiedad, sino la interpretación que hacemos de él. Sabiendo esto, es tiempo de responsabilizarnos y empezar a controlar y actuar sobre lo que sentimos y queremos.

La segunda buena noticia es que podemos modificar nuestro estilo cognitivo cuando decidimos entrenar nuestra forma de pensar. Olvida las dificultades, la falta de fuerza de voluntad o tu forma de ser, la posibilidad de cambio es infinita si reseteas tu mente.

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