WASHINGTON, DC - JANUARY 19: Reporters use laptop computers, iPads and ink and paper to take notes during a panel discussion organized by NetCoalition about the Protection IP Act (PIPA) and the Stop Online Privacy Act (SOPA) at the U.S. Capitol January 19, 2012 in Washington, DC. Opposed to SOPA and PIPA in their current forms, NetCoalition is a lobying group representing Internet and technology companies, including Google, Yahoo!, Amazon.com, eBay, IAC, Bloomberg LP, Expedia and Wikipedia. (Photo by Chip Somodevilla/Getty Images)

«A pesar del prestigio de que gozan algunos periodistas, a quienes se tilda de irresponsables, ignorantes, superficiales, mentirosos, irreverentes e intrusos, ¿qué puede movilizar tanto entusiasmo por esta profesión entre quienes la ejercemos o la enseñamos? Aún asumiendo que estas críticas muchas veces se justifican plenamente, el amor a un periodismo de calidad se sustenta en una fuerte valoración de la verdad y un profundo anhelo de libertad y de justicia. Ese es nuestro sesgo profesional, que tenemos que saber o aprender a conciliar con las aspiraciones y deberes de los otros actores sociales, de manera que todos juntos, en sintonía y con respeto mutuo, podamos servir al bien común».

Para María Elena Gronemeyer F., profesora de la Escuela de Periodismo
Facultad de Comunicaciones Pontificia Universidad Católica de Chile, el periodismo es como una vocación, como un llamado y compromiso de resguardar y potenciar especialmente unos determinados valores en la comunidad humana, como son la verdad, la libertad y la justicia, su correcto ejercicio constituye una participación activa en el plan de salvación y tiene por ende un sustento teológico claro.

Afirma que la actividad periodística, como una propuesta humanista y cristiana, se centra en el hombre y en la comunidad y busca contribuir a dignificar a ambos. Esta vocación de servicio a la persona y de servicio público se orienta en principios éticos de la profesión que tienen sus raíces en nuestra cultura occidental y cristiana, razón por la cual el aporte de la Teología a un correcto ejercicio del periodismo puede ser fundamental.

Agrega que no es posible realizar en plenitud esta vocación periodística, que es una vocación de amar y de entrega, sin una vinculación profunda con Dios y sin la permanente conciencia de que se trata de una invitación a encarnar en la profesión las perfecciones de Jesucristo».

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Indica que, en ese contexto, un grupo de intelectuales de la Universidad de Chicago, liderado por su rector Robert Hutchins, se encargó de marcar un hito en la definición de un periodismo que no fuera solamente libre, como se había abogado hasta entonces, sino también socialmente responsable. En 1947, este equipo, que se hizo conocido como la Comisión Hutchins, publicó un histórico informe bajo el título “A Free and Responsible Press”.

Las duras críticas hacia el periodismo imperante y la envergadura de las tareas y de la responsabilidad que estos intelectuales impusieron a los medios periodísticos no fueron comprendidas cabalmente ni acogidas en su tiempo. Sin embargo, hoy editores y periodistas norteamericanos afirman que sus reflexiones y propuestas se acogen como una de las contribuciones más importantes para la actual comprensión del deber de la profesión.

Los intelectuales de Chicago le hicieron esencialmente cinco requerimientos a un periodismo libre y socialmente responsable:

1. Proporcionar información verdadera, completa e inteligente de los sucesos del día dentro de un contexto que les dé sentido.

2. Servir de foro para el intercambio de comentarios y críticas.

3. Servir de medio para dar a conocer las opiniones y actitudes de los diversos grupos que constituyen la sociedad.

4. Presentar y clarificar las metas y valores de la sociedad.

5. Velar por que cada miembro de la sociedad tenga pleno acceso a toda la información pública.

Recordemos  que los derechos y deberes de los medios de comunicación, de los informadores y de los destinatarios de la acción informativa encontraron un apoyo sustancial en la proclamación de la libertad de expresión y el derecho a la información como un derecho natural de toda persona, recogido en el artículo 19 de la Declaración  Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en 1948.

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