En la era digital, ser youtuber o influencer se ha convertido en una aspiración común para muchos niños y jóvenes. Según una encuesta de Harris Poll/LEGO®, el 29% de los niños prefieren ser youtuber, comparado con el 11% que sueña con ser astronauta.

Cada vez más los jóvenes declaran que le gustaría dedicarse a la creación de contenido, y muchos están intentando hacerlo. Sin embargo, este fenómeno en auge presenta varios desafíos y riesgos, especialmente debido a la falta de regulación específica.

La popularidad de los influencers entre los jóvenes no es sorprendente. «Los influencers son ídolos, son sus referentes en muchos aspectos. Además, son percibidos como personas que, sin apenas esfuerzo o incluso sin hacer más que divertirse, ganan grandes cantidades de dinero. Todo ello aviva el deseo de emularles», explica Ferran Lalueza, profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Enric Soler, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, añade: «Venimos de una cultura de la celebridad, en la que siempre ha habido alguien que ha influido en las conductas de los demás y en los patrones de consumo. Identifican a ese influencer como ‘uno de los nuestros’, y se dejan influenciar mucho más». De hecho, uno de cada cuatro individuos de la generación Z confía más en las reseñas de un influencer que en las de páginas de productos hechas por otras personas. Esta conexión incentiva a sus iguales a intentar ser influencers también.

Impacto en la dinámica familiar

La influencia de los niños influencers no solo afecta a los jóvenes seguidores, sino también a sus familias. «Un factor determinante es contar con un entorno familiar muy motivado y comprometido con la actividad pública del niño. Es evidente que sin la complicidad de un adulto no hay ningún niño o niña que pueda convertirse en una estrella de las redes sociales, y mucho menos mantener ese estatus a lo largo del tiempo», explica Lalueza. Los rodajes, eventos y la creación constante de contenido pueden alterar la dinámica familiar y exponer a los niños a presiones significativas.

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Falta de regulación y riesgos

A pesar del impacto creciente de los niños influencers, no existe una legislación específica que regule su trabajo. «El trabajo de los niños y niñas influencers no está regulado específicamente en el ordenamiento jurídico», explica Mònica Ricou, profesora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC. Aunque se considerarían personas menores trabajadoras si hay una contraprestación económica, y por tanto estarían sometidos a la normativa de protección del menor, la legislación actual no aborda específicamente su situación.

En el caso de España, el artículo 6 del Estatuto de los Trabajadores prohíbe la admisión al trabajo de los menores de 16 años, y el artículo 9 de la Ley del Estatuto del Trabajo Autónomo reitera esta prohibición, incluso para trabajos en el ámbito familiar. Además, las leyes de prevención de riesgos laborales establecen limitaciones adicionales. Sin embargo, estas regulaciones no abordan explícitamente el trabajo de los niños influencers, dejándolos en una situación de desprotección.

Peligros psicológicos y emocionales

Los expertos advierten sobre los riesgos psicológicos y emocionales que enfrentan los niños influencers. La exposición pública desde una edad temprana puede llevar a la pérdida de privacidad, confusión de identidad, obsesión por la aceptación social y desarrollo de rasgos narcisistas.

«La frontera que separa hacer cosas para mostrarlas en redes o mostrar en redes las cosas que se hacen en la vida cotidiana del menor puede ser muy difusa», explica Lalueza. Esto puede propiciar la explotación o autoexplotación, ya que cada minuto no invertido en las redes puede percibirse como una pérdida económica.

Regulación específica

La legislación actual no protege adecuadamente a los niños influencers. «Se podría valorar introducir la exposición en redes sociales en un nuevo apartado de las diferentes normas que rigen el trabajo infantil a nivel mundial y precisar bien los peligros para la salud y formación profesional y humana», sugiere Ricou. La explotación infantil vulnera los derechos de los niños, exponiéndolos a riesgos físicos, mentales y académicos.

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La última legislación promovida por el Gobierno en marzo busca regular los contenidos y la publicidad en las redes sociales, pero no aborda específicamente el trabajo de los niños influencers. Para Lalueza, si la actividad genera ingresos, debería considerarse una actividad laboral. Ricou subraya la necesidad de una legislación para proteger a estos menores, sugiriendo que la Organización Internacional del Trabajo podría elaborar un convenio internacional al respecto.

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