La sociedad todavía espera que los hombres ganen más que sus parejas
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La manera en que las parejas organizan sus finanzas está cambiando con mayor rapidez que las expectativas sociales que las rodean.

Una encuesta de MyIQ reveló que el 61 % de los participantes ha enfrentado la suposición de amigos o familiares de que el hombre debe ganar más, incluso cuando la dinámica económica de su relación funciona de otra manera.

El estudio fue realizado entre 13,482 adultos de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Europa, Asia-Pacífico, América Latina y Sudáfrica, y examinó tanto las opiniones sobre la responsabilidad económica como las experiencias dentro de relaciones duraderas.

Los resultados muestran que el papel de principal sostén económico es cada vez menos permanente. Sin embargo, cuando una mujer aporta más ingresos que su pareja, todavía aparecen cuestionamientos relacionados con el estatus, la masculinidad y la estabilidad del hogar.

Persisten los juicios tradicionales

El 54 % de los encuestados afirmó que los hombres que ganan menos que sus parejas son valorados negativamente por amigos o familiares.

Además, el 47 % señaló que las familias tienden a cuestionar con mayor frecuencia la estabilidad económica de una pareja cuando la mujer es la principal fuente de ingresos.

Estas percepciones reflejan la permanencia de una jerarquía de género tradicional, en la que el salario masculino continúa siendo asociado con autoridad, competencia y seguridad económica.

El principal ingreso cambia de manos

Dentro de las relaciones, la realidad es más flexible. El 71 % de los participantes consideró probable que ambos miembros de la pareja se conviertan en la persona con mayores ingresos en diferentes etapas de la relación.

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Para el 58 %, ese cambio ya había ocurrido al menos una vez en su relación actual o más reciente.

Ascensos, despidos, cambios de carrera, licencias parentales, estudios y responsabilidades de cuidado son algunos de los factores que pueden modificar temporalmente quién aporta más dinero al hogar.

El 64 % afirmó que las trayectorias profesionales actuales son demasiado impredecibles para que una sola persona mantenga de manera permanente el papel de principal proveedor económico.

Una visión más amplia del aporte

La encuesta también muestra que muchas personas ya no miden la contribución económica únicamente por el salario.

El 69 % consideró que el aporte al hogar debería valorarse también mediante la capacidad de adaptación, la planificación y la responsabilidad compartida.

Desde esta perspectiva, sostener económicamente una familia puede implicar asumir más gastos durante una transición laboral, reorganizar las responsabilidades domésticas o gestionar periodos de ingresos desiguales sin convertir esa situación en una posición fija.

Una brecha entre la pareja y su entorno

Sarah Meyer, directora general de MyIQ, explicó que el conflicto surge porque muchas parejas entienden los ingresos como una responsabilidad compartida, mientras su entorno todavía interpreta que un hombre gane menos como una señal de que algo no funciona.

“Un acuerdo puede funcionar perfectamente dentro del hogar y, aun así, ser juzgado desde fuera conforme a un modelo anterior”, afirmó.

Los resultados sugieren que el papel de principal sostén económico no ha desaparecido, pero sí ha perdido parte de su rigidez dentro de las relaciones.

El desafío está en que las expectativas sociales se adapten a una realidad en la que los ingresos dependen cada vez más de las oportunidades, las necesidades familiares y los cambios de circunstancias, y menos de una responsabilidad asignada por género.

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