La logística de la impaciencia abre la puerta a la ciberdelincuencia
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En 2024, el mercado de entrega de última milla en América Latina alcanzó los US$11.85 mil millones, y se proyecta que para 2033 ascienda a US$43.66 mil millones, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 15.6 %, según datos de IMARC Group. En paralelo, la región se ha consolidado como la de mayor incremento porcentual de ciberataques a nivel global.

A finales de 2025, las organizaciones latinoamericanas sufrieron un promedio de 3,065 ataques semanales, un 26 % más que el año anterior y por encima del promedio mundial, de acuerdo con un estudio de Check Point Research publicado en enero de 2026.

En este contexto, expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) plantean una tesis directa: cuanto más se normaliza la inmediatez logística -con múltiples avisos, incidencias y reprogramaciones- mayor es el “ruido” informativo, y más fácil resulta que un mensaje fraudulento se camufle como legítimo.

La logística de la impaciencia

El profesor Cristian Castillo, de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, describe un patrón cada vez más habitual: compras frecuentes, múltiples vendedores y el domicilio como destino automático. El resultado no es la espera de “un paquete”, sino de varios, acompañados por una cadena constante de notificaciones.

El punto crítico llega cuando el usuario recibe un aviso de intento de entrega fallido o de reprogramación inesperada el mismo día previsto. La contradicción entre la expectativa y el mensaje activa la urgencia de resolver el problema rápidamente. Ese momento de tensión es terreno fértil para la ingeniería social.

El SMS fraudulento suele ofrecer una solución inmediata: “confirma tus datos”, “paga una tasa”, “reprograma aquí”. No apela a la ingenuidad, sino a la coherencia narrativa con lo que el consumidor ya está viviendo.

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Subcontratación y mensajes genéricos

Castillo señala factores estructurales que generan avisos confusos: rutas ajustadas, decisiones de cierre de jornada y subcontratación de servicios. El consumidor identifica la plataforma de compra con la empresa transportista, pero no son el mismo actor.

En un sistema donde el transportista cobra por entregas realizadas, el incentivo es intentar completar la entrega antes que reprogramarla. Las tensiones operativas pueden derivar en notificaciones imprecisas o genéricas, ampliando el margen para que un mensaje falso pase desapercibido.

Incluso escenas como paquetes organizados en la vía pública responden a la presión de tiempos ajustados en almacenes y franjas de entrega. El sistema prioriza la velocidad, aunque eso incremente la fricción comunicativa.

Cómo reducir el “ruido” que aprovecha la estafa

Castillo propone dos medidas prácticas:

  1. Diversificar destinos de entrega. Optar por lockers o taquillas inteligentes cuando no se estará en casa reduce intentos fallidos y reprogramaciones.
  2. Transparencia en los plazos. Establecer ventanas de entrega realistas (por ejemplo, 48 horas en vez de 24) disminuye la sensación de descontrol y las incidencias creíbles.

Estas acciones no eliminan el fraude, pero sí reducen la cantidad de mensajes plausibles que alimentan el contexto ideal para el engaño.

Cómo detectar el smishing

Desde la perspectiva de la ciberseguridad, Jordi Serra, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, describe el patrón habitual: paquetes “retenidos” por falta de dirección o supuestos problemas de aduana.

La primera regla es simple: si no se espera ningún paquete, no interactuar con el mensaje. Si se está a la espera de una entrega, nunca resolver incidencias a través de enlaces recibidos por SMS. Se debe acceder directamente a los canales oficiales de la empresa.

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Además:

  • No introducir datos bancarios ni códigos enviados por SMS o WhatsApp.
  • Verificar cuidadosamente la dirección web antes de acceder.

Autoridades catalanas han alertado sobre mensajes que suplantan a empresas de mensajería y advierten que, en dispositivos Android, un clic puede instalar malware.

Qué hacer si ya se ha caído en la trampa

La prioridad es inmediata:

  • Contactar con el banco para bloquear o anular la tarjeta.
  • Regenerar accesos y cambiar contraseñas, empezando por el correo electrónico y aplicaciones financieras.

Guía de supervivencia en cuatro pasos

  1. Si no se espera ningún paquete: eliminar el mensaje.
  2. Si se espera: acudir a canales oficiales, no al enlace del SMS.
  3. No facilitar tarjeta ni códigos de verificación.
  4. Si ya se compartieron datos: avisar al banco y renovar credenciales de acceso.

La logística de la impaciencia no crea el smishing, pero sí le proporciona el contexto perfecto: volumen masivo de paquetes, múltiples notificaciones y presión por resolver incidencias con rapidez.

Mientras el sistema entrena al usuario para reaccionar deprisa, la estafa gana por probabilidad. Reducir el ruido operativo y fortalecer la disciplina digital se convierte, así, en una estrategia compartida entre empresas y ciudadanos.

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