La incoherencia como cultura organizacional
La incoherencia como cultura organizacional. Imagen de Karolina Grabowska en Pixabay

Las empresas hablan acerca del compromiso que los colaboradores deberían tener desde una perspectiva ligera, como si esto surgiera de manera innata, asumiendo que la firma de un contrato es sinónimo de recibir una pócima que hará que se ame esa empresa, que muchas veces los reciben de una forma no adecuada.

Esperar que nazca de la nada, sin antes, como compañía tener los elementos que promuevan un espacio colaborativo, respetuoso y con todo lo necesario para que este colaborador pueda amar su empresa desde el primer momento, es pensar en una panacea para todos los males.

No, señores empleadores, si quieren colaboradores comprometidos y que se pongan la camiseta desde el día uno, deben tener ustedes primero las condiciones que incentiven esto.

La doble moral laboral

Recientemente, el titular que decía que en República Dominicana los empresarios están teniendo dificultad para encontrar trabajadores calificados, copaba los medios. Al leer las diferentes informaciones sobre este tema, se detallaba ampliamente este reto del empresariado local.

La incoherencia como cultura organizacional.
La fuerza laboral ha cambiado. Imagen de u_390ap8znhu en Pixabay

Mientras leía la nota, me hacía varias preguntas: ¿y el reto de los empleados de encontrar empresas que promuevan un espacio armonioso, que paguen lo justo por el trabajo ofrecido y que entienda que la cultura del miedo ya está desfasada? ¿Qué se dice del desafío de los colaboradores de encontrar empresas con un clima laboral decente y donde se valore el aporte de cada empleado? ¿Qué hay del reto de encontrar empresas que no laceren la salud mental de sus talentos mediante una cultura tóxica? ¿Y qué decir del reto de encontrar un trabajo en el que el tiempo de descansar o de curarse no sea visto como una vil traición?

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¿Dónde está la raíz del mal?

Al ver el encabezado de aquella noticia, pareciera que la raíz de este mal solo radica en los candidatos que se postulan a diversas posiciones sin tener las habilidades requeridas, cuando la narrativa va mucho más allá, y pareciera que el hecho de contar con empleados cualificados solo dependiera de la formación técnico-profesional del candidato y que los empleadores no tienen la mínima responsabilidad de este mal que hoy les azota.

En esta ecuación, ¿Dónde queda la responsabilidad de ofrecer condiciones decentes? Quieren empleados altamente calificados, que, además, hagan el trabajo “por amor al arte”, en silencio, con paciencia y sin reclamar sus derechos, mismos que intentan arrebatar cada vez que tienen la oportunidad y, además, quieren gente cien por ciento comprometida con la marca. Un poco avaro, ¿no?

Promoción del respeto y creación de un entorno colaborativo

La idea de que se está haciendo un favor al empleado por el trabajo, quedó desfasada hace mucho. La relación empleador-empleado se debe visualizar como una que presta un servicio, es decir, usted paga por lo que recibe. No está regalando su dinero.

El empresariado dominicano se resiste a entender que la fuerza laboral ha cambiado: ya no solo llena trabajar largas horas y cumplir religiosamente con las demandas del trabajo. Ahora, también importa conciliar la vida laboral con la personal y trabajar en un ambiente armonioso donde se promueva el respeto y un entorno colaborativo. ¿Ofrecen esto la mayoría de las empresas dominicanas?

Mientras no se entienda esto y se siga viendo al colaborador como un simple instrumento, más allá de una persona con demandas, necesidades y sentimientos, seguirán con la prosa de que en República Dominicana no hay gente calificada, pues cada vez tendrán mayores problemas para encontrar talentos que quieran emplearse sin importar las mínimas condiciones y si lo tienen, no podrán retenerlos por mucho tiempo, motivando esto la alta rotación de las empresas.

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Señores empleadores dominicanos, ya no se vive para trabajar, ahora se trabaja para vivir.

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