El grooming en línea no es un fenómeno nuevo, pero las formas utilizadas por los agresores para acercarse y ganarse la confianza de niños, niñas y adolescentes cambian al ritmo de la evolución tecnológica.
De acuerdo con ESET, las interacciones de riesgo ya no se concentran únicamente en las redes sociales tradicionales, sino que pueden comenzar en videojuegos multijugador, servidores comunitarios, aplicaciones de mensajería y otros espacios digitales donde los menores interactúan cotidianamente.
A través de su iniciativa Digipadres, ESET explica que conocer cómo funciona este proceso permite a madres, padres y cuidadores reconocer señales de alerta sin asumir que toda amistad iniciada en Internet constituye una amenaza.
La clave está en comprender las dinámicas de manipulación y mantener un acompañamiento activo de las experiencias digitales de los menores.
El grooming consiste en un proceso mediante el cual un adulto establece deliberadamente una relación con un niño o adolescente, en ocasiones ocultando o falseando su identidad o edad, con el propósito de ganarse su confianza para posteriormente explotarlo o abusar de él.
Aunque estas conductas también pueden producirse fuera de Internet, el entorno digital amplía considerablemente las posibilidades de contacto y dificulta que los adultos detecten a tiempo lo que ocurre.
El contacto puede producirse prácticamente en cualquier espacio digital donde los menores interactúen con otras personas: desde videojuegos y redes sociales hasta chats de transmisiones en vivo, aplicaciones de mensajería y comunidades creadas alrededor de intereses comunes.
Transformación relevante
Una de las transformaciones más relevantes está relacionada con las herramientas tecnológicas disponibles. La inteligencia artificial, por ejemplo, puede facilitar la construcción de identidades digitales falsas y perfiles diseñados para resultar convincentes o coincidir con los intereses y formas de comunicación de las posibles víctimas.
Sin embargo, ESET advierte que el componente psicológico de estas estrategias no ha cambiado sustancialmente. Los agresores continúan aprovechando necesidades propias de la etapa de desarrollo, como la búsqueda de amistad, atención, comprensión, validación y pertenencia.
“A diferencia del acoso fuera de línea, restringido por barreras geográficas y oportunidades de contacto físico, Internet le permite a un agresor contactar de forma simultánea a decenas o cientos de menores desde su hogar, aprovechando el dinamismo y la inmediatez del entorno digital”, explica Mario Micucci, investigador de seguridad informática de ESET Latinoamérica.
El grooming no necesariamente comienza con amenazas o contenidos abiertamente inapropiados. Según el análisis de Digipadres, puede desarrollarse de manera progresiva a través de distintas formas de acercamiento.
En una primera etapa, el agresor puede aparentar un interés especial por los pasatiempos, juegos o situaciones cotidianas del menor. Posteriormente, puede ofrecer apoyo emocional, atención y reconocimiento para generar rápidamente un vínculo de confianza.
Cuando la relación se consolida, una señal de alerta puede ser el intento de trasladar la conversación desde espacios públicos o grupales hacia canales privados. A esto puede sumarse la petición de mantener la relación en secreto frente a familiares, profesores o amigos.
La manipulación también puede avanzar hacia conversaciones cada vez más personales y, posteriormente, recurrir a mecanismos de presión emocional, culpa o amenazas cuando el menor intenta establecer distancia.
Es mejor prevenir
Reconocer esta progresión resulta importante porque permite intervenir antes de que la situación escale. La prevención, sin embargo, no pasa por considerar sospechosa cualquier relación que un menor establezca en Internet, sino por ayudarlo a desarrollar criterios para identificar comportamientos que puedan representar un riesgo.
ESET recomienda que la protección de los menores combine herramientas tecnológicas con comunicación y acompañamiento. Los controles parentales y las reglas sobre el uso de dispositivos pueden ser útiles, pero no deberían sustituir un entorno de confianza en el que los niños y adolescentes puedan contar lo que ocurre en Internet sin temor a ser juzgados o castigados.
También resulta fundamental enseñar hábitos digitales saludables, especialmente relacionados con la privacidad, la protección de información personal y la configuración adecuada de las cuentas. A esto se suma la importancia de que los adultos conozcan, en la medida de lo posible, los videojuegos, plataformas y comunidades que forman parte de la vida digital de los menores.
“Nuevas aplicaciones, herramientas de inteligencia artificial y comunidades en línea seguirán transformando el entorno digital, haciendo imposible anticiparse a cada nueva plataforma o tendencia”, señala Micucci.
Para el especialista, el objetivo no debería ser que los adultos conozcan cada nueva herramienta tecnológica, sino desarrollar en los menores capacidades que puedan mantenerse vigentes independientemente de cómo cambie Internet: reconocer intentos de manipulación, cuestionar comportamientos sospechosos y saber cuándo y a quién pedir ayuda.
En un entorno digital que continuará transformándose, la prevención del grooming plantea un desafío que combina tecnología, educación y acompañamiento familiar.
Más que intentar controlar cada espacio en el que participan los menores, el reto consiste en proporcionarles herramientas para desenvolverse con seguridad y, sobre todo, la confianza necesaria para comunicar cualquier situación que les genere incomodidad o temor.






