La ciberseguridad ha dejado de ser una responsabilidad exclusiva de las empresas para convertirse en un desafío compartido con proveedores, contratistas y socios estratégicos.
Así lo revela un reciente estudio de Kaspersky, que muestra que casi siete de cada diez organizaciones están dispuestas a invertir en la seguridad digital de terceros para reducir los riesgos asociados a los crecientes ataques contra las cadenas de suministro.
La investigación evidencia un cambio significativo en la forma en que las compañías abordan la protección de sus operaciones. Actualmente, el 69 % de las empresas consultadas considera destinar recursos para fortalecer la seguridad de sus proveedores, mientras que un 25 % ya comparte activamente esos costos como parte de sus estrategias de gestión de riesgos.
El estudio, titulado “Supply Chain Reaction: Securing the Global Digital Ecosystem in an Age of Interdependence”, fue realizado entre 1,714 líderes empresariales de 16 países, incluyendo mercados de América Latina, Europa, Asia y Medio Oriente. Los resultados reflejan una creciente preocupación por la exposición que generan los terceros con acceso a infraestructuras, plataformas y sistemas corporativos.
Según Kaspersky, el incremento de los ataques a la cadena de suministro ha llevado a que casi una de cada tres empresas a nivel global haya experimentado incidentes relacionados durante el último año.
De igual manera, los ataques dirigidos a relaciones de confianza afectaron a una de cada cuatro organizaciones, evidenciando que los ciberdelincuentes continúan aprovechando los puntos más vulnerables dentro de ecosistemas empresariales cada vez más interconectados.
La disposición a invertir en la protección de proveedores es especialmente alta en mercados como India, donde alcanza el 83 %, seguida por Indonesia y Rusia, con un 80 % cada una, y Brasil, con un 76 %. En estos países, la colaboración digital entre empresas y terceros suele ser más amplia, incrementando la necesidad de establecer mecanismos de protección más robustos.
Paralelamente, algunas organizaciones ya han comenzado a traducir esa preocupación en acciones concretas. El 25 % de las empresas encuestadas afirmó compartir costos relacionados con la seguridad digital de sus contratistas. Esta práctica registra niveles particularmente altos en mercados como Hong Kong, Taiwán y España, donde alcanza el 33 %, así como en Turquía y Vietnam, con un 31 %.
Para Eduardo Chavarro, director para Américas del Equipo Global de Respuestas a Incidentes de Kaspersky, las empresas están comprendiendo que su nivel real de protección depende tanto de sus sistemas internos como de la madurez en ciberseguridad de los terceros con los que operan.
“Una brecha en cualquier punto de esa red puede convertirse en un riesgo directo para la continuidad del negocio. Compartir capacidades, estándares y recursos con proveedores y socios estratégicos no es solo una medida de apoyo, sino una decisión clave para fortalecer la resiliencia operativa”, explicó el especialista.
Ante este panorama, Kaspersky recomienda que las organizaciones adopten una visión más integral de la seguridad digital. Entre las principales medidas se encuentran la evaluación rigurosa de proveedores antes de establecer relaciones comerciales, la incorporación de cláusulas de ciberseguridad en los contratos, la realización de pruebas de vulnerabilidad y auditorías periódicas, así como el monitoreo constante de redes y entornos operativos.
La compañía también subraya la importancia de promover una colaboración activa entre empresas y proveedores para elevar los estándares de protección en toda la cadena de valor. Esta estrategia permite reducir puntos ciegos, fortalecer la capacidad de respuesta ante incidentes y minimizar el impacto de amenazas que pueden propagarse rápidamente entre organizaciones conectadas.
A medida que los ecosistemas digitales se vuelven más complejos, la seguridad empresarial evoluciona hacia un modelo colaborativo en el que la protección ya no depende únicamente de las inversiones internas. La confianza, la transparencia y la adopción de estándares comunes se perfilan como elementos fundamentales para enfrentar un escenario donde una vulnerabilidad externa puede convertirse en un problema interno con consecuencias significativas para la continuidad de los negocios.







