A pesar de los avances tecnológicos y de que el uso de internet se ha vuelto esencial en la vida diaria, un tercio de la población mundial aún está desconectada.
Según el informe más reciente de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (2024), unos 2,600 millones de personas no tienen acceso a internet.
Esta brecha afecta especialmente a países de bajos ingresos, donde solo el 27 % de la población está conectada, en comparación con el 93 % en los países más ricos.
Esta desigualdad digital limita el desarrollo personal, el acceso a servicios básicos y la inclusión social.
Actividades cotidianas como pagar cuentas, hacer citas médicas o gestionar trámites requieren conectividad y habilidades digitales. Sin embargo, muchos siguen sin los recursos ni el conocimiento necesarios.
La situación es particularmente preocupante en grupos vulnerables como personas mayores y con discapacidad.
Edadismo digital
La falta de formación, el “edadismo digital” y las plataformas poco accesibles agravan esta exclusión.
Asimismo, las personas con discapacidad enfrentan múltiples barreras para el uso pleno del entorno digital, lo que afecta sus oportunidades laborales, educativas y sociales.
Cerrar la brecha digital requiere un esfuerzo conjunto del gobierno, el sistema educativo, las organizaciones sociales y las familias.
La transformación digital debe ser inclusiva, con formación adaptada y herramientas accesibles que permitan a todos participar de manera plena en la sociedad digital.







