Doomscrolling: cómo el consumo compulsivo de noticias negativas afecta la salud mental y qué hacer para evitarlo
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El hábito de desplazarse sin parar por noticias negativas en internet, conocido como doomscrolling, se ha convertido en una práctica cada vez más común que impacta directamente la salud mental.

Especialistas de Mayo Clinic advierten que este comportamiento, intensificado durante la pandemia de COVID-19, sigue presente y puede generar ansiedad, agotamiento emocional y alteraciones en la vida diaria.

El psicólogo Craig Sawchuk explica que este fenómeno tiene una base biológica: el cerebro humano está programado para detectar amenazas y reaccionar ante lo desconocido.

“La palabra ‘doom’ (fatalidad) provoca una respuesta emocional fuerte”, señala, al tiempo que indica que esta inclinación evolutiva, que antes ayudaba a la supervivencia, hoy puede volverse contraproducente en entornos digitales saturados de información negativa.

Durante los primeros meses de la pandemia, la incertidumbre llevó a muchas personas a consumir información de forma constante, en un intento por entender lo que ocurría. Sin embargo, esta búsqueda no siempre ofrecía respuestas claras, lo que generaba un ciclo repetitivo de ansiedad y sobreexposición informativa. Años después, este patrón persiste, impulsado no solo por la curiosidad, sino por una necesidad de control que rara vez se satisface.

Doomscrolling: cómo el consumo compulsivo de noticias negativas afecta la salud mental y qué hacer para evitarlo
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Las consecuencias del doomscrolling

Las consecuencias del doomscrolling van más allá del estado emocional inmediato, ya que este hábito puede interferir con el sueño, especialmente cuando se practica en horas nocturnas, deteriorar las relaciones sociales al reducir el tiempo de calidad con otras personas y fomentar un estilo de vida sedentario.

Además, la exposición continua a contenido negativo actúa como un filtro que intensifica emociones como el miedo, la frustración o la impotencia.

Frente a este panorama, los especialistas recomiendan desarrollar una relación más consciente con el consumo digital.

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«Esto implica cuestionar la utilidad de la información que se consume, evaluar si realmente aporta valor para la toma de decisiones y reconocer el impacto que tiene en el bienestar personal».

También sugieren prestar atención al estado emocional durante el uso de dispositivos y establecer límites de tiempo claros para evitar caer en un consumo excesivo.

Otra estrategia clave es sustituir el tiempo en pantalla por actividades que favorezcan la salud mental, como el ejercicio, el contacto con la naturaleza o la interacción social. Estas prácticas no solo reducen el estrés, sino que contribuyen a restablecer el equilibrio emocional.

En un contexto donde la información circula de manera constante, el desafío no es solo estar informado, sino saber cuándo detenerse. Comprender los efectos del doomscrolling y adoptar hábitos digitales más saludables se posiciona como una necesidad urgente para preservar el bienestar mental en la era de la hiperconectividad.

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