Por Maribel Hernández

maribel@nexos.do

Probablemente a muchos el término regulación les asuste, por lo que pudiera percibirse. La realidad es que existe una nación cercana que, aunque con condiciones políticas y sociales muy distantes a la nuestra, desarrolló un proceso de regulación que le tomó 39 años

Por su condición de Estado Libre Asociado de los Estados Unidos de América, donde existen fuertes regulaciones a diferentes áreas de desempeño de nuestro oficio, Puerto Rico inició en 1974 este proceso. El mismo fue liderado por la Asociación de Relacionistas Profesionales de Puerto Rico (ARPPR), organización que se ha convertido en el baluarte del fortalecimiento de la profesión y su institucionalidad.

El proceso logrado por los puertorriqueños se destaca por su rigor. En   2002 iniciaron una etapa en la  que se realizaron varias investigaciones de mercado, vistas públicas, visitas a legisladores, desarrollo  de mesas redonda, conferencias, charlas en las que participaban los profesionales del área y otras profesiones afines.

Así   fueron transcurriendo los años con más investigaciones para conocer el perfil del relacionista profesional en Puerto Rico, la situación de la industria y su posición sobre el proceso de regulación. De esta búsqueda se desprende que el 85 % de los profesionales del área favorecen   la regulación de la profesión.

Es en  2018, cuando el Senado de Puerto Rico aprueba el proyecto de ley que regula la profesión, del cual se desprende, entre otras, “elevar las relaciones públicas a nivel de una profesión reglamentada; proveer una herramienta que refuerce el cumplimiento a cabalidad del código de ética; velar por el interés público; colaborar con la comunidad empresarial y gubernamental en la identificación de profesionales capacitados para ocupar puestos de trabajo o recibir contratos de servicios profesionales en el campo de las relaciones públicas, y promover la educación continua de todos los practicantes”.

En todo este proceso existen dos elementos importantes a destacar:

* La colegiación como un mecanismo que da soporte a la regulación, y de defensa de la profesión.

* Proveer una herramienta que refuerce el cumplimiento a cabalidad del código de ética.

Ahora podríamos preguntarnos, ¿para qué hacer complejo un oficio que en nuestro país ha marchado muy bien en este estado de “manga por hombro”?. Lo primero es establecer reglas de juego claras de lo que se permite y lo que no se permite entre el relacionista público y los medios de comunicación, incluyendo el Estado. Por ejemplo, romper de raíz, como algo inadmisible, el hecho de que un relacionista público trabaje en la mañana en una institución oficial y en la tarde sea el periodista que cubra esa fuente para su medio. O aquellas prebendas materiales que un relacionista público lleva como sutil e inocente regalo al editor que cubre la sección para la cual produce más información.

Pero también se beneficia el cliente en la medida que la profesión regulada le facilitará el proceso de selección y contratación de un relacionista, pues podrá identificar los profesionales calificados. Asimismo, tendrán mecanismos para reportar conductas antiéticas por parte del relacionista.

La comunidad en general se beneficiará en la medida en que disminuyan las prácticas de manipulación y el mal manejo de la información.

Nuestra tarea

La gestión de comunicación y las relaciones públicas en República Dominicana ha cambiado positivamente. Un largo trayecto hemos caminado para dejar de ser el departamento que manda pasteles para cumpleaños y canastas navideñas, y se dedica a mandar exclusivamente notas de prensa.

En la actualidad los departamentos de comunicaciones se han convertido  en unidades estratégicas que dependen directamente de la presidencia de la empresa. En el caso de los relacionistas públicos y consultores en comunicación, son asesores de los “staffs” directivos de los negocios y organizaciones. Sentados todos en la mesa donde se toman decisiones.

Incluso, hay que destacar el trabajo de las universidades al incluir en la  carrera  de Comunicación Social la mención de Relaciones Públicas y el hecho de que ya tenemos una generación de profesionales especializados en el extranjero en diferentes áreas de las relaciones públicas y las comunicaciones.

No obstante a estos avances, y viendo la experiencia del caso puertorriqueño, no podemos dejar de afirmar que en la República Dominicana nos debemos la tarea de, por lo menos, trabajar alrededor de la colegiatura y establecer un código de ética que nos permite limpiar el camino de nuestro oficio de una serie de malas prácticas tan comunes y normales que ya están establecidas como buenas y válidas.

Asimismo, existe la necesidad de institucionalizar el sector. En dos décadas hemos vistos conformarse por lo menos 3 asociaciones de relacionistas públicos sin llegar a buen puerto.

Por ahora ni hablar de la regulación de la carrera, pues estoy consciente de que es un tema para sentarse y debatirlo profundamente, pero sí empezar a trabajar en los tres caminos citados, lo que  sería un buen inicio. Esto no solo protegerá al profesional del área, sino que también llevará nuestro oficio a un nivel más en el que seamos partícipes de la generación de respuestas a problemas nacionales.

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