Cada 8 de marzo siempre se cuela sobre el tapete el debate sobre la terminología utilizada para referirnos al verbo que llama a la acción en el Día Internacional de la Mujer. Conmemorar o celebrar una fecha que, se quiera o no, marco un antes o después en el trato hacia las mujeres, sus oportunidades y su vida misma. No se puede tapar el sol con un dedo, pues se ha luchado mucho para que nosotras podamos tener la libertad de expresión y acción que nuestras antepasadas no tuvieron.
Hoy quiero escribir -tal vez- desde el sentido común, sin apasionamientos ni conceptos de luchas debatidos por tanto tiempo y brindarle un analisis desde las dos caras de la moneda. No nos rompamos la cabeza, celebrar o conmemorar, ambas opciones son correctas, pero tienen matices diferentes.
Si buscamos definiciones de ambas acciones encontraremos que «conmemorar» implica recordar y honrar un evento o acontecimiento importante, mientras que «celebrar» implica reconocer y disfrutar de algo positivo. Por lo tanto, creo que es válido decir que se «conmemora» el Día Internacional de la Mujer para recordar la lucha histórica por los derechos de las mujeres, pero también se puede «celebrar» para reconocer los logros y avances alcanzados en materia de igualdad de género.
El Día Internacional de la Mujer es una fecha de gran significado en la lucha por la igualdad de género y los derechos de las mujeres en todo el mundo. Sin embargo, la elección de las palabras para describir esta jornada puede tener implicaciones profundas en cómo se percibe y se aborda este evento. Hoy, a través de estas líneas, quiero veamos los matices e importancia en la sociedad contemporánea.
Recordar el pasado y honrar la lucha
La palabra «conmemorar» evoca la idea de recordar y honrar un evento o acontecimiento importante. En el contexto del Día Internacional de la Mujer, conmemorar implica reconocer la historia de la lucha de las mujeres por la igualdad de género y los derechos humanos. Este enfoque pone énfasis en los desafíos superados, los logros alcanzados y los sacrificios realizados por generaciones de mujeres en todo el mundo.
Conmemorar el Día Internacional de la Mujer es una oportunidad para reflexionar sobre las injusticias históricas que han enfrentado las mujeres, desde la lucha por el derecho al voto hasta la búsqueda de igualdad en el lugar de trabajo y en la sociedad en general. Es un momento para recordar a las mujeres pioneras que lideraron movimientos de cambio y a aquellas cuyas contribuciones han sido subestimadas o pasadas por alto.
Reconociendo logros y avances
Por otro lado, la palabra «celebrar» sugiere reconocer y disfrutar de algo positivo. Al celebrar el Día Internacional de la Mujer destacamos el progreso logrado en la lucha por la igualdad de género y se honra el papel fundamental de las mujeres en todos los aspectos de la sociedad. Esta perspectiva enfatiza los logros alcanzados y busca inspirar un futuro de igualdad y empoderamiento para todas las mujeres.
Celebrar el Día Internacional de la Mujer es una oportunidad para reconocer los avances significativos en áreas como la educación, la participación política, el acceso a la atención médica y el empoderamiento económico de las mujeres, aún entendamos que falta mucho camino por recorrer y luchas que ganar. Es un momento para celebrar los éxitos individuales y colectivos, así como para inspirar a las generaciones futuras a continuar trabajando hacia la igualdad de género.
Nuestros paradigmas
El paradigma entre «conmemorar» y «celebrar» este día refleja la complejidad y la riqueza de esta jornada. Ambas perspectivas son importantes y complementarias, ya que permiten honrar la historia de la lucha de las mujeres mientras se reconoce y celebra el progreso alcanzado. En última instancia, ya sea que elijamos conmemorar o celebrar este día, es fundamental continuar trabajando juntos para construir un mundo donde todas las mujeres y niñas puedan vivir libres de discriminación y disfrutar plenamente de sus derechos humanos.
Algunas mujeres pueden sentirse incómodas con las felicitaciones en este día porque reconocen la complejidad de la experiencia femenina. Saben que ser mujer puede implicar enfrentar desafíos individuales y únicos, y que una simple felicitación puede no capturar adecuadamente esas experiencias diversas.
También porque rechazan la comercialización de la fecha, donde se enfatizan las ventas y las felicitaciones superficiales en lugar de abordar las verdaderas desigualdades y desafíos que enfrentan las mujeres en todo el mundo. Por lo tanto, rechazar las felicitaciones puede ser nuestra forma de resistir esta comercialización y enfocarnos en cuestiones más profundas.
Y es que para muchas mujeres, este día es más que una celebración; es un recordatorio de las luchas continuas por la igualdad de género, la violencia contra las mujeres, la brecha salarial y otros problemas que aún persisten en la sociedad, pues aún queda mucho trabajo por hacer y la verdadera solidaridad implica acción más allá de los gestos simbólicos.

¿Me dejas felicitarte?
En un contexto donde las felicitaciones pueden ser vistas como gestos vacíos o simbólicos, algunas mujeres pueden optar por rechazarlas como una forma de resistir el efecto superficial de la celebración. Prefieren acciones concretas y compromisos tangibles hacia la igualdad de género en lugar de simples palabras de felicitación.
En resumen, ante la decisión de algunas mujeres de no querer ser felicitadas en el Día Internacional de la Mujer es importante respetar y comprender estas perspectivas individuales, así como continuar trabajando juntos hacia un mundo más equitativo para todas las personas, independientemente de su género.







