La detección temprana y la prevención continúan siendo las herramientas más efectivas para proteger la salud renal y evitar complicaciones graves, según afirmó la nefróloga Andrea Linares, especialista de la Cleveland Clinic, al destacar la importancia de adoptar hábitos saludables y mantener controles médicos periódicos.
La experta explicó que muchas enfermedades renales evolucionan de forma silenciosa, lo que hace fundamental la vigilancia médica, especialmente en poblaciones de riesgo. En este sentido, subrayó que condiciones como la diabetes y la hipertensión están estrechamente vinculadas al desarrollo de enfermedad renal crónica, una de las afecciones más frecuentes a nivel global.
Linares enfatizó que el cuidado de los riñones comienza con acciones cotidianas: una hidratación adecuada, una alimentación balanceada baja en sodio y alimentos ultraprocesados, así como el control de la presión arterial y los niveles de glucosa en sangre. A esto se suma evitar el consumo excesivo de analgésicos —en particular antiinflamatorios—, no fumar y realizar chequeos médicos de forma regular.
Alertó que las personas con antecedentes familiares de enfermedad renal, adultos mayores, pacientes con obesidad o enfermedades cardiovasculares, así como quienes consumen ciertos medicamentos de manera prolongada, deben prestar especial atención a su salud renal, ya que presentan un mayor riesgo de desarrollar complicaciones.
En cuanto a las patologías más comunes, la especialista mencionó las infecciones urinarias recurrentes, el daño renal inducido por fármacos y los cálculos renales, además de la enfermedad renal crónica asociada a enfermedades metabólicas. No obstante, destacó que existen avances significativos en el tratamiento, incluyendo medicamentos que ayudan a preservar la función renal, terapias de diálisis más personalizadas y un mayor acceso al trasplante.
En este contexto, el enfoque en la medicina preventiva cobra cada vez más relevancia, al permitir diagnósticos oportunos y mejores resultados en la calidad de vida de los pacientes. La combinación de educación, seguimiento clínico y acceso a tratamientos innovadores se perfila como una estrategia clave frente a un problema de salud que continúa en aumento.







