La habilidad de “saber escuchar” es más difícil de encontrar y desarrollar que la de ser “buen comunicador”, sin embargo, de acuerdo a los especialistas en la materia, la primera proporciona más autoridad e influencia que la última, pues si usted es buen comunicador, pero no sabe escuchar, va a privarse de recibir informaciones y conocimientos que por otra vía no recibiría.
Bien lo dijo Winston Churchill: “Se necesita coraje para pararse y hablar, pero mucho más para sentarse y escuchar” y yo agrego “aprender”. Y digo esto, porque a muchos se nos olvida que la mejor manera de aprender es escuchando lo que el otro quiere decirnos, pues no somos portadores de la verdad absoluta, y nunca lo seremos.
Desde que iniciamos este libro de mano, en esta página en especial, hemos tratado de ser portadoras de recomendaciones generales para mantener un flujo correcto de información entre comunicadores y relacionistas públicos, como una especie de guía para que ambas labores logren sus objetivos.
Hemos visto como muchas acciones se han hecho eco en el conglomerado, pero también hemos visto como las páginas pasan a la izquierda sin “ton ni son” y las malas prácticas siguen sucediéndose día tras día. Pero seguimos, como la gota de agua, ‘cayendo sobre la piedra’ hasta lograr nuestra meta.
Si bien es cierto que los medios tienen una legítima autonomía para fijar su línea editorial, es decir, la visión de trabajo, también es cierto que si se asumen algunos ‘tips’ se puede lograr con más facilidad la meta de todo relacionador público: publicación de la información.
La palabra clave en todo esto es “personalizar”. El relacionador público debe entender que cada medio se maneja de manera diferente y cada encargado de sección tiene su personalidad y metodología de trabajo (una va de la mano con la otra) bien definida, que no cambiará aunque “mayoría gane”.
En sus investigaciones sobre la Inteligencia Emocional, Daniel Goleman identificó el “arte de saber escuchar” entre las principales habilidades de las personas con altos niveles de inteligencia emocional, pero esta no se circunscribe a “escuchar”, también podemos extrapolarla a la lectura, pues leer no es solo repetir palabras en nuestra mente, es entender el significado de estas en el contexto que se exponen y en su momento ponerlas en prácticas.
Teniendo todo lo leído anteriormente, se puede deducir que lo ideal es tratar a cada medio por separado y dejar de lado la odiosa práctica de los correos masivos, cuando de información y contenido se trata; conozca cada editor y su forma de trabajo, es su materia prima; y empecemos a escuchar y leer con inteligencia emocional.







