Los medios digitales han democratizado (si se le puede llamar así), la comunicación.
Prácticamente todo el mundo tiene acceso a publicar, decir, comentar y expresar sus ideas tal cual como la piensa. Existen muchos medios y mecanismos para hacerlo. Por un lado, esto es bueno porque ha permitido tener una mayor diversidad de opiniones que enriquecen cualquier debate sobre temas y problemáticas.
Además, el hermetismo que existía anteriormente a nivel de prensa y medios, es prácticamente nulo, porque ya no necesitas ser una persona de gran trayectoria o influencia, tener un programa de radio o televisión o una columna en la prensa para expresar tus ideas. Ahora es tan fácil como tener acceso a internet y una cuenta gratuita en cualquiera de las redes sociales. Ese será tu escenario, tu podium, tu micrófono al mundo.
Por otro lado, la “democratización de la comunicación” ha traído consigo las noticias falsas, las estafas masivas y en esta ocasión quiero hablarte de la TENTACIÓN DE OPINAR.
Como no era usual tener una plataforma para hablarle al mundo, normalmente nuestras ideas se quedaban con nosotros, en nuestra cabeza o la transmitíamos a unas pocas personas a las que teníamos acceso. Y todo eso se quedaba ahí, en una opinión en medio de un café o un compartir, pero carecía de trascendencia y el impacto era menor.
La realidad de hoy es muy diferente. El hecho de que todos contemos con la libertad y el espacio de emitir nuestros juicios, nos ha creado la “casi necesidad” de opinar sobre cualquier tema que se nos pone delante. Hoy en día el silencio tiene más valor, porque que se ha vuelto más exclusivo y es ahora la virtud de pocos.
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La tentación de opinar nos gana. ¡Y cuantas consecuencias nos trae! A veces se nos olvida que de la misma manera que podemos opinar, también los demás pueden hacerlo y un simple comentario puede convertirse en la chispa que encienda todo un bosque y que cuando por fin se pueda apagar ese incendio, los daños sean incalculables.
Tendría lógica que solo personas comunes y corrientes caigan en la tentación de opinar. Usuarios de redes sociales, que utilizando un tiempo de descanso escriban un comentario o graben un video respecto a cualquier tema que se les ocurra. Lo terrible es, cuando profesionales, gente de gran experiencia y larga data en el ejercicio de la comunicación, caen rendidos ante la tentación de opinar y se les olvide que “todo lo que diga podrá ser usado en su contra”.
En este tiempo vale más lo que callamos que lo que comunicamos. Una opinión que podemos considerar sencilla, puede traernos toda una avalancha de comentarios positivos o negativos y construir a nuestro alrededor una imagen frente al público, que afecte lo que por mucho tiempo nos ha costado construir. Todo lo que decimos será pasado por el tamiz de la opinión pública y esto no podemos ignorarlo.
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Todos tenemos la libertad de creer, pensar y decir lo que querramos. La libertad de expresión nos ha costado mucho, pero antes de emitir cualquier comentario en todas estas plataformas digitales, deberíamos verificar si lo que vamos a decir suma a nuestra trayectoria. ¿Si eso que voy a decir herirá sensibilidades, estoy consciente y asumo con responsabilidad la retroalimentación u opiniones de los demás? ¿Realmente es tan necesario, que deba expresar este criterio a todo el mundo o es algo que debería solo conversar con personas cercanas que me conocen y tendrán un criterio real sobre lo que quise decir?
Si eres una figura pública, dueño de empresa o tienes cierta influencia y crees que lo que vas a decir te puede llevar a querer contratar un especialista en manejo de crisis te digo: no caigas en la TENTACIÓN DE OPINAR.







