Sabemos que el auge de las redes sociales y el carácter todo poderoso y omnipresente del mundo digital ha cambiado la manera en la que se hace periodismo. Ahora es de muchas formas, desde la longitud de una noticia hasta el volumen de informaciones que recibimos en un día.
Pero una consecuencia muy preocupante, pero que a veces se hace pasar desapercibido, es el hecho de que este fenómeno ha cambiado la intención con la que se ejerce el periodismo. Pareciera ser como que el fin último de algunos medios y periodistas se remonta a conseguir hacerse virales y obtener los famosos ¨me gusta por encima de comunicar la verdad y brindar información relevante a la sociedad.
El sensacionalismo no es nada nuevo: siempre ha existido y siempre va a existir. Sin embargo, lo que antes era propio de solo algunos medios que quisieran llamar la atención, hoy se puede visualizar en casi todos los periódicos, plataformas y perfiles.
Es entendible, el panorama digital se mueve por indicadores como alcance, interacciones y comentarios. Hay que adaptar el contenido a esta realidad, pero de ahí a priorizarlo por encima de un periodismo ético y socialmente consciente es un grave error.
Un ejemplo reciente de esto es el caso del exponente urbano que atropelló con su carro a un ciudadano en la calle, provocando su muerte. La línea narrativa de la noticia en todos los medios fue precisamente esta, centrado en la figura pública como personaje principal y posicionando al difunto, en términos que se viralizaron en las redes sociales, como un personaje secundario en su propia muerte.
Un periodismo correcto hubiera puesto en primer lugar al fallecido, pero así no habría llamado la atención a los usuarios de las redes, porque lo atractivo es quién estuvo involucrado en el hecho y para nada el hecho en sí.
Sin embargo, la culpa no es del todo de los medios, los ciudadanos poseen una parte equitativa de la culpa. Los periodistas no redactan de esta forma por amor al arte, sino porque saben sin duda alguna que ese enfoque es el que va captar el interés de los lectores, de otro modo, no le darían ni dos segundos de su tiempo a la historia.
Como sociedad debemos reflexionar sobre esto. Tomar un momento para interiorizar y evaluar nuestras acciones y entender que debemos utilizar las plataformas sociales para el bienestar social, pero sobre todo, trazar las pautas en ellas y no dejar que estas determinen por completo la intención con la que comunicamos.







