martes, septiembre 1, 2026
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El impacto de la influencia

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Vivimos en tiempos donde prima el deseo de producir un impacto o efecto determinado sobre los demás. Ya sea persuadirlos, convencerlos, influir en ellos o impresionarlos, con el fin de lograr que ejecuten determinadas acciones. A eso le llamamos “influencia” y desde las redes sociales esta acción toma mayor relevancia.

Las redes sociales son caldo de cultivo para todo tipo de acciones, situaciones y, por qué no, de personas. Desde hace un tiempo se acuña el término “influencer” como un personaje de relevancia en ese mar.

¿Qué es un influencer? El portal https://www.40defiebre.com lo describe como una persona que cuenta con cierta credibilidad sobre un tema concreto y, por su presencia e influencia en redes sociales, puede llegar a convertirse en un prescriptor interesante para una marca.

Sobre el tema de la influencia en las redes hay mucho que decir y, sin ánimo de censura, mucho que callar. Hemos visto la prosperidad de estos, pero también sus grandes “tropiezos” mediáticos, y es que, debido a la gran facilidad de difusión de información, acceso a las plataformas sociales y no haber ninguna regulación para esto, hace que muchos quieran convertirse en influenciadores, en ocasiones comprando seguidores falsos para proyectar una imagen artificial.

Este concepto ha generado muchas confusiones y malas conceptualizaciones. La definición
contemporánea de influencer denota que es un líder de opinión, cuya área de acción son las redes sociales. Esto se trata de alguien que, por su presencia, reputación o estilo de vida, despierta interés y admiración, por lo que impacta e influye en las decisiones de sus seguidores de manera efectiva, gracias a sus interacciones con ellos, lo cual demuestra una conexión fuerte y directa. La conclusión es que “sus mensajes posean un impacto único”.

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Influenciar y ser influenciado
Una parte de los “influencers” que abarrotan las redes sociales no cuentan con ninguna área de experiencia comprobable, trayectoria destacable o logros que lleven a su público a imitar buenas conductas. Vemos algunas plataformas que muestran vidas falsas entre comillas y perfiles con muchos seguidores. Reales o no, estos personajes existen y, de una u otra manera, tienen influencia en un determinado número de personas.

El tema para valorar aquí no sería su existencia. Lo realmente importante es nuestra adhesión a lo dicen que hacen. Nuestro juicio al momento de prestar atención a sus perfiles en las redes. Y si se quiere, nuestra inteligencia al dar “como bueno y válido” lo que dicen sin antes verificar e investigar.

Es cierto que no todos son realmente influenciadores, y más cierto es que vemos algunos que aportan poco contenido realmente bueno. Pero así es el mundo, “de todo como en botica”.

Como comunicadores o estudiantes del área, en el momento menos pensado podemos llegar a convertirnos en “influencers”. El buen ejercicio de la profesión nos puede acerca a la etiqueta “líderes de opinión”. Todos tenemos esa meta. Sin embargo, de una forma u otra, lo que siempre se debe de procurar es el cuidar nuestra credibilidad, nombre y firma, no incurrir en promocionar o recomendar algo que no hemos probado, no conocemos o interfiere con nuestras funciones y valores.

El ser influencers no es nada malo, lo erróneo es querer serlo a la fuerza, incurriendo en la creación de contenidos falsos y que no aporten nada positivo a las comunidades. Si todos actuáramos en las redes sociales con realismo y de forma honesta, el impacto a la sociedad sería más positivo.

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