Fraudes, phishing, ciberacoso y robo de identidad son los nuevos rostros del delito en línea, los cuales no solo generan pérdidas económicas, sino también serias consecuencias para la salud mental de las víctimas.
Centroamérica no escapa a esta realidad en momentos donde la digitalización avanza más rápido que la conciencia sobre los riesgos asociados.
La integración acelerada de tecnologías como la inteligencia artificial (IA) y el Internet de las Cosas (IoT) en la vida cotidiana ha transformado la forma en que las personas se comunican, trabajan y realizan transacciones.
Aunque estas innovaciones ofrecen soluciones avanzadas de protección y eficiencia, también amplían la superficie de ataque para los ciberdelincuentes, haciendo que la ciberseguridad deje de ser un tema exclusivo de especialistas para convertirse en una necesidad cotidiana.
Las amenazas a la ciberseguridad forman parte del día a día y afectan a millones de personas en todo el mundo.
El activo más valioso
Para ESET, compañía líder en detección proactiva de amenazas, la información se ha convertido en el activo más valioso de esta era, al punto de ser considerada el nuevo “oro”.
Protegerla mediante una ciberdefensa robusta es esencial para resguardar la propiedad intelectual, los datos sensibles de las personas y garantizar la continuidad de las operaciones tanto a nivel personal como corporativo.
Los fraudes digitales, que incluyen estafas en línea, suplantación de identidad y ataques de phishing, provocan pérdidas económicas significativas.
De acuerdo con el Internet Crime Report 2024 del FBI, las pérdidas globales por ciberdelitos alcanzaron los US$16,600 millones, un aumento del 33 % con respecto a 2023. En paralelo, la inversión mundial en ciberseguridad superó los US$200,000 millones en 2024, según datos de McKinsey & Company, reflejando la magnitud del problema y la urgencia de enfrentarlo.
Hogar y empresa
“El concepto de ciberseguridad no puede fragmentarse entre hogar y empresa. Todos formamos parte de un mismo ecosistema digital y todos manejamos datos que pueden ser de interés para los ciberdelincuentes”, explica Martina López, especialista en seguridad informática de ESET Latinoamérica.
Añade que cualquier persona puede ser una potencial víctima, especialmente aquellas que ocupan roles relevantes dentro de las organizaciones, debido al acceso que tienen a información sensible.
El phishing es una de las amenazas con mayor crecimiento en la región. Este tipo de ataque suele llegar a través de correos electrónicos, mensajes de texto o aplicaciones de mensajería instantánea, invitando al usuario a ingresar a enlaces fraudulentos que imitan sitios legítimos para robar información confidencial.
En El Salvador, por ejemplo, se detectó recientemente una campaña que simulaba notificaciones de fotomultas para engañar a los usuarios.

Ciberacoso y el grooming
A estas amenazas se suman el ciberacoso y el grooming, prácticas que afectan principalmente a niños y adolescentes.
El ciberbullying implica hostigamiento constante a través de redes sociales y plataformas digitales, mientras que el grooming ocurre cuando un adulto se hace pasar por alguien de confianza para manipular a menores con fines sexuales.
Plataformas como Snapchat, con más de 750 millones de usuarios mensuales, representan un reto adicional debido a sus mensajes efímeros y funciones impulsadas por inteligencia artificial.
La suplantación de identidad es otro delito que se ha intensificado en la última década, impulsado por el auge del comercio electrónico, los videojuegos en línea y las criptomonedas.
Las consecuencias pueden incluir desde compras no autorizadas y solicitudes de préstamos fraudulentos, hasta problemas legales y daños al historial crediticio de las víctimas.
Ante este panorama, ESET insiste en la necesidad de fomentar una cultura de ciberseguridad que involucre a todos los ámbitos de la sociedad. Hablar del tema en casa, en la escuela, en la universidad y en el trabajo es clave para reducir riesgos y fortalecer la prevención.
“Los avances tecnológicos, como la autenticación multifactor y la inteligencia artificial aplicada a la seguridad, son fundamentales para proteger a personas y organizaciones frente a amenazas cada vez más sofisticadas”, concluye López.







