Ricardo Trotti afirma que la inteligencia artificial será invisible e indispensable como la electricidad
Ricardo Trotti en la celebración del quinto aniversario, Encuentros Interactivos.

El avance acelerado de la inteligencia artificial no solo transformará la forma en que trabajamos y nos informamos, sino que redefinirá profundamente la educación, la ética y la manera en que las sociedades toman decisiones.

Así lo afirma el periodista y escritor argentino Ricardo Trotti, una de las voces más influyentes del continente en la defensa de la libertad de expresión y el pensamiento crítico en la era digital.

Estas reflexiones forman parte de una entrevista realizada por el periodista Gonzalo Marroquín Godoy y publicada en Listín Diario, en la que Trotti aborda, desde una mirada humanista, los desafíos y oportunidades que plantea la IA para la democracia, el periodismo, la educación y el trabajo humano.

Trotti cuenta con una extensa trayectoria en el ámbito del periodismo y la defensa de la libertad de prensa, pues durante más de una década se desempeñó como director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), impulsando debates sobre ética periodística, autorregulación, democracia y censura en América Latina, en contextos marcados por la presión política y la transformación tecnológica de los medios.

En los últimos años, su figura ha ganado nueva proyección internacional gracias a sus libros “Robots con Alma: atrapados entre la verdad y la libertad” y el ensayo “Dotar de alma a la Inteligencia Artificial”, donde reflexiona sobre los dilemas éticos y humanos que genera la IA.

A partir de estas obras, Trotti se ha consolidado como un referente del debate sobre inteligencia artificial en el mundo hispanohablante.

La IA como parte del entorno cotidiano

Para Trotti, el mayor cambio que traerá la IA en los próximos cinco años no será la aparición masiva de robots humanoides, sino su integración silenciosa en la vida diaria.

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“La IA se volverá invisible e indispensable, como la electricidad. Dejará de ser una herramienta externa y se disolverá en el ambiente”, afirma, ya que estará integrada en procesadores de texto, diagnósticos médicos, sistemas financieros y decisiones cotidianas, hasta el punto de que la humanidad dejará de “usar” tecnología para empezar a vivir dentro de ella.

El periodista compara este proceso con lo ocurrido con internet: una tecnología inicialmente temida que terminó por integrarse plenamente a la vida social, económica y cultural.

En ese tránsito, advierte, habrá errores y ajustes, como ocurrió con los medios de comunicación cuando regalaron contenidos sin prever el impacto económico posterior.

Ética, sesgos y riesgos

Uno de los ejes centrales de su reflexión es el riesgo que la IA representa para la verdad. Trotti recuerda que estas tecnologías son probabilísticas, capaces de inventar datos con gran verosimilitud. A ello se suma el peligro de los sesgos, ya que los sistemas aprenden de una historia humana marcada por desigualdades, racismo y exclusión.

Por esa razón insiste en la necesidad de “dotar de alma” a la IA, es decir, incorporar principios éticos desde el diseño. Advierte además del riesgo de delegar decisiones críticas -créditos, diagnósticos médicos o asignación de recursos- a algoritmos sin transparencia ni control humano.

Trabajo, desigualdad y educación

Ante el temor de que la IA sustituya empleos humanos, Trotti se muestra optimista. Sostiene que desaparecerán tareas repetitivas y burocráticas, pero surgirán nuevos oficios vinculados a la supervisión, auditoría y gestión ética de la tecnología.

“La IA nos quitará la parte robótica del trabajo para permitirnos ser más humanos”, señala.

No obstante, alerta sobre el riesgo de profundizar las desigualdades sociales, especialmente en América Latina.

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El acceso limitado a la tecnología, la falta de alfabetización digital y el alto costo de las herramientas más avanzadas podrían crear nuevas brechas irreversibles si no se actúa a tiempo.

Destaca que la educación ocupa un lugar clave en su visión.

Trotti plantea que el sistema educativo debe abandonar el modelo basado en la memorización y transformarse en un espacio de pensamiento crítico, ética y reflexión.

“La escuela debe dejar de ser una fábrica de respuestas y convertirse en un taller de buenas preguntas”, afirma.

Una decisión humana, no tecnológica

Para Trotti, el futuro no está determinado por la tecnología en sí, sino por las decisiones humanas que se tomen en torno a ella.

Mal utilizada, afirma que la IA puede convertirse en una poderosa maquinaria de desinformación; bien orientada, puede ser una aliada de la democracia, el conocimiento y la creatividad.

“Al final, el rumbo no lo marca la tecnología, sino nuestras decisiones”, concluye, reafirmando que valores como la verdad, la libertad y el pensamiento crítico seguirán siendo insustituibles, incluso en la era de las máquinas inteligentes.

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