La multiplicación de contenidos falsos, la polarización política y el deterioro de la confianza en las instituciones plantean un desafío creciente para las democracias, pero también pueden terminar reforzando la necesidad de un periodismo profesional capaz de verificar, explicar y ofrecer información confiable.
Así lo plantea el economista político Vincent Pons, profesor de Harvard Business School y doctor en Economía por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), quien ha dedicado buena parte de su trayectoria académica a estudiar el funcionamiento de las democracias, el comportamiento de los votantes y las causas que pueden provocar la ruptura de la confianza ciudadana.
“Espero que, a fuerza de descubrir engaños, la gente exija periodismo sólido”, afirmó Pons en una entrevista publicada el 23 de julio por XL Semanal y reproducida por El Comercio de España.
La reflexión introduce uno de los problemas que actualmente atraviesa tanto a la política como a los medios de comunicación: qué ocurre cuando los ciudadanos comienzan a desconfiar no solo de los dirigentes y de las instituciones, sino también de las fuentes de información que utilizan para interpretar la realidad.
Pons estudia precisamente las bases sobre las que funcionan las democracias y divide el ciclo electoral en cuatro grandes dimensiones: los factores que determinan la participación de los ciudadanos, aquellos que influyen en sus preferencias, la representatividad de los resultados y los efectos que las elecciones producen sobre las políticas públicas y la economía de los países.
Sus investigaciones parten de una preocupación cada vez más visible: el creciente desencanto de los ciudadanos con los gobiernos elegidos y las dificultades que enfrentan las democracias representativas para ofrecer resultados que sean percibidos como coherentes con las expectativas de la población.
Cuando las promesas destruyen confianza
Uno de sus estudios permite observar cómo puede quebrarse esa relación entre ciudadanos e instituciones.
En una investigación realizada junto a Benjamin Marx y Tavneet Suri sobre las elecciones de Kenia de 2013, los investigadores analizaron una campaña de mensajes de texto enviada por la comisión electoral para incentivar la participación.
Los mensajes lograron aumentar la asistencia a las urnas, pero produjeron posteriormente un efecto inesperado: disminuyó la confianza en las instituciones electorales.
La caída fue mayor entre quienes apoyaron al candidato perdedor y entre habitantes de zonas afectadas por violencia electoral.
Los investigadores plantearon que uno de los factores que explicaba ese resultado era la distancia entre las promesas realizadas por la autoridad electoral sobre un proceso transparente y ordenado y la experiencia posterior de algunos ciudadanos.
El hallazgo pone sobre la mesa una cuestión que trasciende los procesos electorales: recuperar la confianza puede resultar mucho más difícil cuando una institución genera expectativas que posteriormente no puede cumplir.
Democracias bajo presión
La preocupación de Pons adquiere relevancia ante un escenario internacional caracterizado por mayor polarización, cuestionamientos a los procesos electorales y una circulación de información política que ocurre cada vez más a través de plataformas digitales.
El académico ha señalado anteriormente que las campañas electorales, que idealmente deberían permitir a los ciudadanos discutir problemas y evaluar propuestas, han terminado en numerosos casos alimentando la polarización, la hostilidad entre grupos y la desconfianza hacia la imparcialidad de las elecciones.
La participación también constituye una parte esencial del problema.
Sus investigaciones han mostrado que cuando determinados sectores de la sociedad se alejan sistemáticamente de las urnas, los resultados electorales pueden dejar de representar con igual intensidad a toda la población.
Los jóvenes, las personas con menores ingresos y los ciudadanos con menor nivel educativo suelen estar entre los grupos con menor participación electoral, una desigualdad que puede afectar la legitimidad de los gobiernos y profundizar la sensación de desconexión con las instituciones.
El valor de verificar
Dentro de ese ecosistema, la información adquiere una importancia decisiva.
La afirmación de Pons sobre la necesidad de exigir “periodismo sólido” plantea una posibilidad frente al crecimiento de la desinformación: que la exposición reiterada a engaños pueda llevar a una parte de los ciudadanos a valorar más aquellas fuentes capaces de demostrar cómo obtienen sus datos, verificar hechos y diferenciar información de opinión.
No significa que ese proceso ocurra automáticamente.
La misma pérdida de confianza que afecta a gobiernos, partidos y sistemas electorales puede alcanzar también a los medios de comunicación, especialmente cuando las audiencias perciben errores, parcialidad o falta de transparencia.
El desafío para el periodismo consiste entonces no solamente en denunciar la falsedad, sino en demostrar por qué una información merece confianza.
Verificar fuentes, contextualizar los datos, reconocer errores, explicar metodologías y separar claramente los hechos de las opiniones adquieren mayor peso en un espacio público donde cualquier ciudadano puede recibir simultáneamente información periodística, propaganda, contenido manipulado y afirmaciones generadas o amplificadas mediante inteligencia artificial.
La reflexión de Pons apunta así a una paradoja del actual ecosistema informativo: cuanto más fácil resulta producir y distribuir contenidos engañosos, mayor puede llegar a ser el valor diferencial de un periodismo capaz de demostrar su rigor.
La confianza, sin embargo, no se impone. Se construye.
Y en sociedades donde ciudadanos, medios e instituciones compiten constantemente por credibilidad, la capacidad de sostener esa confianza puede convertirse en uno de los factores determinantes para la calidad de la conversación pública y, finalmente, para el funcionamiento de la democracia.







