Para profundizar en este panorama conversamos con Elizabeth Díaz, directora ejecutiva de ALANUR, experta en suplementos alimenticios y egresada del Instituto Politécnico Nacional de México, quien analiza los hallazgos del estudio regional de percepción realizado por la entidad en Centroamérica.
Consumo normalizado, pero no siempre bien informado

Uno de los principales hallazgos del estudio revela que el consumo de suplementos está ampliamente normalizado en Centroamérica. Predomina una consumidora femenina, entre 26 y 45 años, de nivel socioeconómico medio y alto, que los incorpora de manera diaria como parte de su rutina de cuidado de la salud y bienestar físico.
“El contexto es positivo –explica Díaz-, pero convive con confusión, mitos persistentes y productos que se cuelgan de la categoría sin necesariamente cumplir con estándares claros”.
Es decir, aunque existe buena percepción, no siempre hay comprensión profunda sobre su función real.
Mitos arraigados y expectativas irreales
Entre las ideas erróneas más frecuentes destaca la creencia de que “más suplementos equivalen a más beneficios”, que son productos “mágicos” o que pueden sustituir una alimentación equilibrada.
Más de la mitad de los participantes del estudio manifestó al menos una percepción equivocada.
Desde la industria, Díaz insiste en que el reto no es frenar el consumo, sino contextualizarlo: los suplementos son aliados de la nutrición, no sustitutos de una dieta balanceada ni soluciones universales.
Lo “natural” no siempre es sinónimo de inocuo
Otro hallazgo relevante es la fuerte asociación entre “natural” y “libre de riesgos”. Según Díaz, esta percepción se alimenta de mensajes simplificados en redes sociales y de la falta de información clara sobre dosis, contraindicaciones e interacciones.
“Hasta el agua, consumida en exceso, puede generar problemas. No se trata de que algo sea bueno o malo, sino de entender qué necesita nuestro organismo y en qué cantidad”, puntualiza.
Diferencias generacionales y culturales
El estudio también identifica matices generacionales. Los jóvenes tienden a informarse en canales digitales y confían en recomendaciones sociales, mientras que los adultos muestran mayor hábito de lectura de etiquetas, aunque reconocen no siempre comprenderlas del todo.
Culturalmente, existe una fuerte asociación entre suplementación y bienestar, pero con diferencias en el nivel de escepticismo y en la confianza hacia marcas, farmacias y canales de venta.
Redes sociales: ¿aliadas o amplificadoras de desinformación?
Las redes sociales desempeñan un papel determinante en la construcción de expectativas. La circulación de información no verificada refuerza la idea de que los suplementos “funcionan para todos”, cuando en realidad la suplementación debe ser personalizada.
Díaz advierte sobre la presencia de promotores que, apelando al marketing aspiracional, prometen resultados imposibles. Por ello, recomienda acudir a profesionales de la nutrición y a medios que contrasten fuentes y ofrezcan información verificable.
Suplementos y medicamentos: una diferencia que aún no está clara

Aunque normativamente la diferencia es precisa, en la práctica muchos consumidores no distinguen entre suplementos y medicamentos. Persisten expectativas terapéuticas que no corresponden a la naturaleza de estos productos.
“Un medicamento tiene una función terapéutica y un efecto farmacológico para atender síntomas o enfermedades. Un suplemento está pensado como aliado nutricional; no cura ni previene enfermedades, sino que ayuda a alcanzar niveles adecuados de nutrientes”, explica.
El estudio evidencia brechas importantes en la comprensión de etiquetas, dosis adecuadas, contraindicaciones y objetivos reales del consumo. Muchos participantes califican la información como confusa o difícil de entender, especialmente cuando no está en español o carece de claridad sobre beneficios y limitaciones.
Para Díaz, escuchar estas necesidades es clave: los suplementos están dirigidos a personas sanas, la dosis está indicada en el envase y siempre debe prevalecer la orientación de un profesional.
Hacia un consumo responsable y regulaciones armonizadas
Entre las acciones prioritarias se encuentran campañas educativas basadas en ciencia, etiquetado transparente y coordinación entre industria, autoridades y academia. ALANUR ya ha impulsado iniciativas regionales y busca ampliar alianzas con actores clave, influencers, médicos y autoridades.
En el ámbito regulatorio, el gran desafío es la armonización normativa y el combate al mercado ilegal, que erosiona la confianza del consumidor. La oportunidad, según Díaz, está en avanzar hacia marcos regulatorios sustentados en evidencia científica e innovación, fortaleciendo la cooperación regional.
“Cuando gobierno, industria y academia trabajan juntos, se eleva el estándar del mercado y se fortalece la confianza”, concluye.
En una región donde los suplementos ya forman parte del día a día, el desafío no es su presencia, sino la calidad de la información que los acompaña.







