Para comprobar los evidentes paralelismos y similitudes entre lo peor del periodismo decimonónico (Del siglo XIX o relacionado con él) y lo peor del actual, no hay más que sentarse en la butaca y ver Las Ilusiones Perdidas, la película francesa que ha ganado siete premios César y que ya se estrenó en España.
Las Ilusiones Perdidas adapta la novela homónima de Honoré de Balzac, en la que se narra la vida de Lucien de Rubempré, un joven de provincias que se traslada a París soñando con la gloria literaria.
Lucien se iniciará en el periodismo para salir adelante, y en la redacción conocerá a Etienne Lousteau, un experimentado redactor que le cambiará para siempre la inocente idea que Lucien tenía del oficio.
Aquí, como recoge perfectamente La Vanguardia, algunos botones de muestra de lo que era el periodismo en el XIX y en qué se parece a lo peor de ahora:
- “Las noticias sirven para instruir, para contar a los lectores las novedades de la literatura y el teatro, para dar a conocer el mundo”, dice el ingenuo Lucien la primera vez que pisa una redacción. Pero Etienne, que ya lleva tiempo como redactor, le saca enseguida de su error. “Nuestra línea editorial es muy clara: todo lo que sea probable lo damos por cierto”.
- Y continúa Etienne con algunas otras claves para hacer que un diario sea rentable: “Las noticias falsas forman parte de nuestro mundo, las llamamos patos, porque corren como cuando alguien persigue a esas aves”.
- Los rumores nunca deben descartarse, “porque, al publicar un rumor, se genera un desmentido y así ya tienes otra noticia”.
- Y un último consejo, “ha nacido la prensa de opinión, que es lo mismo que la prensa comercial”.
Por si hay dudas, apuntaba Javier Zurro hace unos días en ElDiario.es: «Sus sueños rotos [los de Lucien de Rubempré] son los de muchos escritores, pero sobre todo los de muchos estudiantes de periodismo idealistas que ven todos los días cómo la mentira abre portadas, las opiniones se venden como noticias y muchos periódicos se han convertido en boletines de intereses empresarios o políticos”.
Escrito por Lluís Cucarella.







