En temas de aprendizaje, siempre trato de no desaprovechar las oportunidades que se presentan para volver a las aulas.
Cada regreso tiene un significado distinto porque no llego con la ansiedad de quien comienza a descubrir un oficio, sino con una mochila llena de experiencias, aciertos, errores, transformaciones y muchas historias contadas, pero también con la certeza de que siempre habrá algo nuevo que aprender.
Y es que considero que, por muchos años de ejercicio que acumulemos, mantenernos vigentes exige conservar la disposición de volver a ser estudiantes y la humildad para reconocer que siempre hay mucho que aprender.
El Diplomado en Inteligencia Artificial para Periodistas, iniciativa del Banco Santa Cruz desarrollada junto al Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) son de esas oportunidades que no se rechazan y que nos hicieron acercarnos más a las herramientas de IA.
La cita de cinco viernes, junto a otros colegas, terminó provocándome una reflexión sobre algo que considero esencial para cualquier profesional: la experiencia acumulada nunca puede convertirse en una excusa para dejar de aprender. He vivido suficientes transformaciones dentro del periodismo para saberlo.
Ejercí cuando nuestras herramientas eran otras, cuando las dinámicas de las redacciones estaban marcadas por horarios de cierre, llamadas telefónicas, libretas, grabadoras y procesos que hoy parecen lejanos. Luego llegaron Internet, redes sociales, teléfonos inteligentes, plataformas digitales y una velocidad informativa que modificó prácticamente todo. Ahora nos toca la inteligencia artificial.
Probablemente uno de los mayores errores que podemos cometer como profesionales es mirarla desde lejos, asumir que pertenece a otra generación o pensar que nuestros años de experiencia son suficientes para enfrentar los cambios que está provocando. No lo son.
Un mundo de posibilidades
Durante el diplomado aprendimos sobre herramientas, automatización, creación de instrucciones, verificación, análisis de datos y distintas posibilidades que ofrece la inteligencia artificial para apoyar nuestro trabajo. Pero, mientras avanzábamos, fui comprendiendo que la enseñanza más importante no estaba necesariamente en dominar una plataforma, está en aprender a hacer mejores preguntas y seguir trabajando con ética y responsabilidad.
Podemos tener frente a nosotros una tecnología capaz de procesar enormes cantidades de información en segundos, pero todavía somos nosotros quienes debemos decidir qué preguntar, buscar, contrastar y, sobre todo, hacer con las respuestas que obtenemos y, en el periodismo, además, esa responsabilidad adquiere un peso especial.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a organizar información, encontrar patrones, transcribir entrevistas, analizar documentos, explorar datos o agilizar determinadas tareas; también puede hacernos más eficientes y abrir posibilidades que hace apenas unos años parecían impensables, pero no puede asumir nuestra responsabilidad.
Ella no puede sustituir el criterio construido durante años de ejercicio, la sensibilidad para comprender una historia, la capacidad de mirar más allá de una declaración, la obligación de verificar una información y la responsabilidad ética de responder por aquello que lleva nuestra firma… y quizás esa es una de las mayores certezas que me queda cada vez que entro a un curso, diplomado o conferencia sobre IA y periodismo.

Entre resistencia y certeza
Decir que entramos al diplomado preguntándonos cuánto podía hacer la inteligencia artificial por nosotros sería mentir porque la realidad es que una gran parte del grupo tomaba con pinzas las ventajas de la inteligencia artificial… y, para lograr cambiar esa mentalidad, debo reconocer el gran trabajo de nuestros facilitadores, Nathalie Almonte y Pedro Velázquez, que, con sus enseñanzas, nos recordaron cuánto sigue dependiendo de nosotros.
Para los que llevamos décadas ejerciendo una profesión, el desafío tiene además otra dimensión: atrevernos a desaprender, aceptando que algunas maneras de hacer las cosas que nos funcionaron durante años necesitan revisarse, reconocer que las nuevas generaciones también tienen conocimientos que pueden enseñarnos y darnos la oportunidad de preguntar cuando no sabemos, experimentar, equivocarnos y volver a intentarlo.
Cuando, como profesionales sin importar la edad o carga académica, logramos aceptar que la experiencia tiene un enorme valor, pero no puede ser estática, ya que necesita alimentarse de nuevos conocimientos, adaptarse a los cambios y dialogar con una realidad profesional que se transforma a una velocidad cada vez mayor.
Actualizarse requiere tiempo, esfuerzo y, muchas veces, recursos, pero también exige una disposición personal que ninguna institución puede imponernos: la curiosidad.
Esa misma curiosidad que un día nos llevó al periodismo y que debería acompañar a cualquier profesional durante toda su trayectoria.
Al finalizar este diplomado confirmé algo que probablemente deberíamos recordar con mayor frecuencia: nunca acumulamos suficiente experiencia como para dejar de ser estudiantes.
Recordemos que las herramientas seguirán cambiando, algunas desaparecerán y otras que hoy ni siquiera imaginamos llegarán a nuestras profesiones.
El verdadero riesgo no está en que la tecnología avance demasiado rápido sino en convencernos de que ya sabemos lo suficiente y dejar de avanzar con ella.
La experiencia abre puertas, aporta criterio y nos permite mirar el presente con todo lo aprendido en el camino, pero para continuar teniendo valor también debe evolucionar.
los años nos dan experiencia, mantenerla vigente es responsabilidad nuestra.













La organización Miss Mundo Dominicana informó que la candidata ha desarrollado durante los últimos meses una preparación en liderazgo, comunicación, cultura y proyección internacional, además del trabajo relacionado con su proyecto de Belleza con Propósito.



