«La nueva Era de la comunicación», así me dijo cuando se me acercó para hablar de cómo la comunicación está cambiando y de los nuevos talentos que reflejan las tendencias actuales.

Al principio, me sentí un poco aludida. Después de todo, aquellos que hemos pasado décadas en este campo a menudo somos etiquetados como demasiado formales, rígidos y predecibles, en comparación con los más jóvenes, quienes supuestamente son más innovadores, versátiles e incluso, en algunos casos, superficiales para alcanzar la viralidad.

Nueva Era vs. Estilos de Comunicación

Al reflexionar más profundamente, llegué a la conclusión de que no se trata de una cuestión de «era» o «nueva era»; más bien de diferentes estilos de comunicación. Aunque reconozco que estamos en tiempos cambiantes, donde las plataformas digitales han revolucionado la manera en que consumimos información, creo firmemente que ciertos valores no deben ser sacrificados en el proceso. La credibilidad, la reputación y el prestigio que tanto nos ha costado construir no deben ponerse en riesgo simplemente por la búsqueda de una rápida viralización.

Me causa tristeza ver cómo, en algunos casos, esta «nueva era» de la comunicación se manifiesta en debates superficiales, discusiones irrelevantes y en la exposición de fantasías personales que nada aportan al verdadero propósito de comunicar. Por suerte, no todos caen en este tipo de tendencias; sin embargo, es preocupante que algunos medios prioricen este tipo de contenido por encima de la calidad informativa.

Misión de comunicar

En mi experiencia, la comunicación ha sido y siempre será un medio para informar, educar, orientar y entretener, desde una posición responsable y comprometida con la verdad. El hecho de que existan nuevas herramientas no significa que debamos abandonar estos principios. En lugar de competir por la viralidad, deberíamos enfocarnos en cómo utilizar esas herramientas para ampliar nuestro impacto, manteniendo el respeto por el contenido de calidad.

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El reto actual no está en adaptarnos a una «nueva era»; más bien, en cómo, como comunicadores, elegimos utilizar las plataformas a nuestro alcance sin perder lo que nos hace auténticos y creíbles. Innovar, sí; no obstante, sin sacrificar nuestra esencia.

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