La suplementación femenina gana relevancia en la agenda de salud

Especialistas en nutrición alertan sobre la alta prevalencia de deficiencias de micronutrientes en mujeres, de acuerdo a un análisis publicado en la revista científica The Lancet, la cual indica que cerca del 69% de las mujeres en edad reproductiva presentan al menos una carencia nutricional, lo que refuerza la necesidad de una suplementación informada y acompañada por profesionales de la salud.

El estudio advierte que alrededor de 1,200 millones de mujeres en el mundo presentan déficit de micronutrientes como hierro, zinc o folato.

En América Latina y el Caribe, la anemia por deficiencia de hierro continúa siendo un problema de salud pública que impacta la calidad de vida de millones de mujeres.

Estas carencias pueden traducirse en síntomas que con frecuencia se normalizan o se atribuyen al estrés cotidiano: fatiga persistente, dificultad de concentración o mayor vulnerabilidad a infecciones. En etapas como la infancia o el embarazo, incluso pueden afectar el desarrollo cognitivo o incrementar riesgos que podrían prevenirse con una adecuada nutrición.

Suplementación según la etapa de vida

Para la directora ejecutiva de la Alianza Latinoamericana de Nutrición Responsable, Elizabeth Díaz, comprender las particularidades biológicas de la mujer es clave para atender la salud nutricional.

“La desnutrición en ciertos aspectos de la vida, por procesos biológicos, nos puede afectar de manera particular a las mujeres, ya sea por nuestro ciclo menstrual o procesos hormonales. Los suplementos pueden representar un aliado nutricional en cada etapa de la vida”, explicó.

Los especialistas recomiendan considerar distintos nutrientes dependiendo del momento vital. Por ejemplo, durante la etapa periconcepcional se aconseja la suplementación con ácido fólico al menos tres meses antes de buscar un embarazo y durante el primer trimestre. En este periodo también resultan fundamentales nutrientes como el hierro, el yodo y el DHA.

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El hierro y la menstruación

La menstruación, sumada a dietas bajas en carne roja o patrones vegetarianos sin una suplementación adecuada, puede provocar déficits acumulativos de hierro. Esta situación puede manifestarse en cansancio constante, dificultades para concentrarse o mayor susceptibilidad a infecciones.

Según los especialistas, muchas mujeres normalizan estos síntomas o los atribuyen al estrés, lo que retrasa el diagnóstico y tratamiento de la deficiencia de hierro.

En la etapa menopáusica se produce una reorganización hormonal que también tiene implicaciones nutricionales. La disminución de los estrógenos acelera la pérdida de densidad ósea, por lo que nutrientes como calcio y vitamina D se vuelven prioritarios para prevenir la osteoporosis.

Además, el magnesio juega un papel importante al favorecer la absorción del calcio, mejorar la calidad del sueño y contribuir a la regulación del estado de ánimo, factores que suelen verse afectados durante esta transición.

Algunos especialistas también señalan el potencial de las isoflavonas, compuestos vegetales con actividad estrogénica leve que pueden ayudar a reducir la frecuencia e intensidad de los sofocos en algunas mujeres que atraviesan la menopausia.

Suplementos como apoyo, no como sustituto

Los expertos coinciden en que los suplementos no deben considerarse una solución mágica ni un reemplazo de una alimentación equilibrada. Sin embargo, una suplementación informada y supervisada puede convertirse en una herramienta clave para cubrir necesidades nutricionales específicas que cambian a lo largo de la vida.

El llamado de los especialistas apunta a fortalecer el acceso a orientación profesional y promover decisiones informadas sobre nutrición.

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