
Someterse a una cirugía suele generar inquietud, pero más allá del temor natural, existe un elemento clave que define la experiencia del paciente: la seguridad.
De acuerdo con el anestesiólogo Luis Abreu, una intervención quirúrgica segura no depende únicamente de la destreza del cirujano, sino de un sistema estructurado de protocolos, verificaciones y trabajo en equipo que busca reducir riesgos en cada etapa del proceso.
Este enfoque responde a estándares promovidos por la Organización Mundial de la Salud, que impulsan prácticas orientadas a disminuir complicaciones y prevenir errores durante procedimientos quirúrgicos. En la práctica, esto se traduce en una serie de pasos estandarizados que involucran a todo el equipo médico, desde anestesiólogos hasta personal de enfermería y técnicos especializados.
Uno de los primeros momentos críticos ocurre antes de entrar al quirófano, cuando se verifica la identidad del paciente, el procedimiento a realizar y se obtiene el consentimiento informado. Esta fase garantiza que el paciente comprenda el proceso y que toda la información clínica esté correctamente alineada.
Dentro del quirófano, uno de los protocolos más relevantes es la llamada “pausa quirúrgica”, una breve detención previa al inicio de la cirugía en la que el equipo confirma aspectos esenciales como la identidad del paciente, el procedimiento y el sitio exacto de intervención. Aunque simple en apariencia, esta práctica ha demostrado ser altamente efectiva en la prevención de errores médicos.
A esto se suma el uso del Listado de Verificación Quirúrgica (LVQ), una herramienta que permite revisar puntos críticos antes, durante y después de la intervención, incluyendo la prevención de infecciones, la preparación del equipo y la correcta ejecución del procedimiento.
Estos mecanismos forman parte de estándares internacionales como los impulsados por la Joint Commission International, enfocados en elevar la calidad y seguridad del cuidado del paciente.
El cumplimiento riguroso de estos protocolos es determinante. Cuando no se aplican, aumentan los riesgos de eventos adversos como infecciones asociadas a la atención médica, errores de medicación o complicaciones derivadas de una preparación inadecuada. Por ello, iniciativas como el Protocolo Universal —que incluye verificación preoperatoria, marcación del sitio quirúrgico y pausa de seguridad— buscan asegurar que cada cirugía se realice en el paciente correcto, en el lugar correcto y con el procedimiento adecuado.
Más allá del entorno clínico, el especialista enfatiza el rol activo del paciente en este proceso. Informarse, hacer preguntas y comprender los pasos previos a la cirugía contribuye a fortalecer la seguridad y la confianza.
“La seguridad quirúrgica no depende solo de la tecnología o del conocimiento médico, sino también de la comunicación y el trabajo conjunto”, subraya Abreu.
En un sistema de salud cada vez más enfocado en la calidad y la prevención, la cirugía segura se consolida como un estándar indispensable, donde cada detalle —desde una verificación hasta una conversación con el paciente— puede marcar la diferencia en los resultados y en la recuperación.







