Latinoamérica y el Caribe han mantenido un crecimiento económico sostenido, impulsado por factores como la disponibilidad de mano de obra, infraestructura y relativa estabilidad política, emergen desafíos que no pueden ignorarse.
Entre ellos, uno de los más urgentes es el manejo responsable del recurso hídrico y las empresas están llamadas no solo a cuidar el agua como un insumo esencial, sino a liderar soluciones sostenibles que garanticen su disponibilidad para las generaciones futuras.
Tal como resalta el más reciente newsletter de Newlink, el recurso hídrico se ha convertido en un factor determinante para la sostenibilidad de los sectores productivos.
La experiencia internacional lo evidencia: durante la crisis del agua en Ciudad del Cabo en 2018, aproximadamente 20,000 productores agrícolas perdieron sus medios de vida. A escala regional, más de 150 millones de personas viven en zonas con alto estrés hídrico, lo que demuestra que el acceso y la eficiencia en el uso del agua ya no es una preocupación futura, sino un imperativo presente.
Las empresas de hoy en día tienen una oportunidad valiosa de liderar desde la innovación.
La colaboración entre sectores públicos y privados puede traducirse en soluciones técnicas y operativas que promuevan la eficiencia hídrica.
En países de ingresos bajos y medios como la República Dominicana, el uso de tecnologías como inteligencia artificial, big data o gemelos digitales en el manejo del agua aún es limitado, lo que refleja una brecha de innovación en este sector crítico.
Proyectos de reúso de agua: una vía sostenible y estratégica
Los pronósticos son claros: para el año 2040, República Dominicana estará entre los países con mayor nivel de estrés hídrico en la región. En América Latina, el 43 % de la población vivirá en zonas con escasez moderada a extrema.
Ante este escenario, es fundamental que las empresas adopten políticas que incluyan la reutilización del agua como una estrategia transversal de sostenibilidad.
Reusar el agua, más allá de su impacto ambiental positivo, implica también un ahorro económico significativo.
Empresas de industrias como bebidas y minería ya están adoptando sistemas que les permiten tratar el agua utilizada y reintroducirla de forma segura en sus procesos o en los ecosistemas cercanos.
En el ámbito local, organizaciones del sector alimentos, bebidas y minería han implementado prácticas similares, beneficiando tanto a sus operaciones como a las comunidades aledañas mediante la mejora de la disponibilidad hídrica.

El agua como base de justicia social
La gestión del agua no puede desligarse de la garantía de derechos humanos. Desde 2010, el derecho al agua fue reconocido por las Naciones Unidas como parte esencial del derecho a una vida digna, y en 2016 se amplió para incluir el saneamiento seguro. Esto implica que el acceso al agua no debe verse limitado por condiciones de género, pobreza, discapacidad o ubicación geográfica.
En República Dominicana, a pesar de que las coberturas básicas de agua y saneamiento rondan el 95 % y el 82 % respectivamente, aún persisten problemas de calidad, interrupciones del servicio y tratamiento inadecuado.
Solo el 15 % de los sistemas realiza cloración de forma regular y menos de la mitad de las plantas operan con eficacia.
Por eso, se requiere fortalecer las políticas públicas con un enfoque de derechos humanos, garantizando no solo el acceso, sino la calidad y continuidad del servicio. Esto permitirá construir una sociedad más justa, con mayores oportunidades para todos y resiliente frente a los desafíos ambientales del futuro.







