Expertos proponen diagnosticar la obesidad más allá del Índice de Masa Corporal (IMC)

Durante décadas, el Índice de Masa Corporal (IMC) ha sido una de las herramientas más utilizadas para identificar sobrepeso y obesidad. Sin embargo, especialistas advierten que utilizarlo como único criterio puede ofrecer una visión incompleta del riesgo de cada persona.

Un nuevo marco diagnóstico publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology propone ampliar la evaluación e incorporar indicadores como la distribución de la grasa corporal, la circunferencia abdominal, la presencia de enfermedades asociadas, la funcionalidad y la historia clínica.

La propuesta no plantea eliminar el IMC, sino utilizarlo como una primera señal que debe complementarse con información clínica adicional.

Un mismo IMC puede esconder realidades diferentes

Una de las principales limitaciones del indicador es que no distingue entre masa muscular y grasa corporal.

Esto significa que dos personas con un mismo IMC pueden presentar perfiles de salud completamente distintos.

Josep Vidal, jefe del grupo de obesidad del Hospital Clínic de Barcelona, explica que el diagnóstico basado exclusivamente en este indicador es imperfecto porque su relación con la cantidad real de grasa corporal es limitada.

El IMC tampoco permite determinar dónde se acumula la grasa, un elemento relevante para evaluar el riesgo metabólico.

La grasa visceral, localizada alrededor de los órganos, está asociada con un mayor riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2 y trastornos cardiovasculares, mientras otras distribuciones de grasa pueden tener implicaciones diferentes para la salud.

Expertos proponen diagnosticar la obesidad más allá del Índice de Masa Corporal (IMC)

Obesidad preclínica y obesidad clínica

El nuevo enfoque incorpora además una distinción entre obesidad preclínica y obesidad clínica.

La obesidad preclínica se refiere a personas con exceso de grasa corporal que todavía mantienen una función normal de sus órganos y tejidos. En estos casos, el seguimiento médico y las medidas preventivas cobran especial importancia.

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La obesidad clínica, en cambio, se presenta cuando el exceso de grasa ya está asociado con alteraciones en órganos o limita actividades cotidianas.

Entre los ejemplos citados figuran insuficiencia cardíaca, fibrosis hepática, apnea del sueño o dificultades para realizar tareas como vestirse o bañarse.

Nuevas medidas para evaluar el riesgo

Además del IMC, los especialistas proponen utilizar indicadores como la circunferencia de cintura, la relación cintura-altura y el índice cintura-cadera.

El documento señala que la circunferencia abdominal puede funcionar como un marcador clínico para identificar acumulación de grasa asociada con mayor riesgo metabólico.

También se plantea que tecnologías capaces de medir directamente la composición corporal pueden aportar información adicional para determinar la extensión de la masa grasa.

En lugar de depender de un único número, el nuevo marco contempla múltiples componentes clínicos que pueden ayudar al profesional de salud a establecer si una persona presenta obesidad clínica.

Una evaluación más individualizada

Para Víctor Kalpokas, gerente médico de Adium Latinoamérica, este enfoque permite comprender mejor el riesgo individual y evitar simplificaciones que pueden retrasar la atención.

“La obesidad es una de las principales amenazas para el envejecimiento saludable y debe abordarse con seriedad médica, no con culpa ni estigma”, afirma.

El tratamiento puede incluir cambios en el estilo de vida, nutrición, actividad física, apoyo conductual, atención de salud mental, farmacoterapia o cirugía bariátrica, dependiendo de la evaluación médica de cada persona.

El objetivo es avanzar hacia un abordaje individualizado de una enfermedad considerada crónica, compleja y multifactorial.

Una preocupación creciente de salud pública

El debate sobre cómo diagnosticar la obesidad adquiere mayor relevancia ante las proyecciones internacionales.

Si las tendencias actuales continúan, cerca de 3,000 millones de adultos podrían vivir con sobrepeso u obesidad hacia 2030, alrededor de la mitad de la población adulta mundial. Más de 1,100 millones podrían presentar obesidad.

En este contexto, la nueva propuesta busca que la evaluación médica no termine en la balanza.

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El IMC puede continuar siendo un punto de partida, pero el riesgo real de una persona requiere observar qué ocurre con su composición corporal, su metabolismo, su funcionalidad y su estado general de salud.

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