Durante décadas, muchas mujeres han priorizado el bienestar de sus familias sobre el propio. Entre jornadas interminables, responsabilidades del hogar y el cuidado de hijos y nietos, el tiempo personal suele quedar relegado. Sin embargo, después de los 50 años, especialistas en salud funcional insisten en que el ejercicio físico deja de ser una opción estética para convertirse en una herramienta esencial de bienestar, autonomía y calidad de vida.
Así lo plantea Bernabé Lagrule, CEO de BL Performance Center, quien asegura que una de las creencias más peligrosas en torno al envejecimiento femenino es pensar que el cuerpo debe dejar de moverse al llegar a cierta edad.
“A partir de los 30 años el cuerpo comienza a perder masa muscular de forma gradual, en un proceso conocido como sarcopenia. A los 50 esa pérdida ya se refleja en cansancio, dolores articulares, falta de equilibrio y disminución de movilidad. No es la edad en sí; es el músculo que no se ha trabajado”, explica el especialista.
Lagrule sostiene que el entrenamiento físico puede generar resultados positivos a cualquier edad. De hecho, afirma que en su práctica profesional ha visto adultos de 70, 80 e incluso 90 años recuperar fuerza, movilidad y autonomía mediante programas diseñados de manera adecuada y supervisada.
Uno de los debates más frecuentes entre quienes desean iniciar actividad física después de los 50 años es si conviene más caminar o entrenar con pesas. Para el experto, ambos ejercicios son complementarios. Caminar favorece la salud cardiovascular, mejora la circulación y contribuye al bienestar emocional, pero el entrenamiento de fuerza es el que estimula directamente el desarrollo muscular y fortalece los huesos.
“El corazón es un músculo y necesita ejercitarse. Actividades como caminar a buen ritmo, bailar, nadar o montar bicicleta ayudan a reducir el riesgo de hipertensión, infartos y accidentes cerebrovasculares”, señala Lagrule, quien recuerda que la Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada.
Más allá de la apariencia física, el especialista insiste en que mantener masa muscular después de los 50 significa conservar independencia funcional. Acciones cotidianas como levantarse de la cama, subir escaleras, cargar bolsas del supermercado o jugar con los nietos dependen, en gran medida, de la fortaleza muscular y de la movilidad articular.
Además, diversos estudios han demostrado que el entrenamiento regular contribuye a regular los niveles de azúcar en sangre, controlar el peso, mejorar la calidad del sueño y reducir el riesgo de deterioro cognitivo. “La ciencia es clara: a mayor masa muscular, menor mortalidad en adultos mayores”, puntualiza.
Lagrule también enfatiza la importancia de entrenar bajo supervisión profesional, especialmente en edades donde pueden existir antecedentes médicos, cirugías, condiciones crónicas o limitaciones físicas específicas. Un programa personalizado permite adaptar las rutinas a las necesidades reales de cada persona, minimizando riesgos y optimizando resultados.
En el contexto de la celebración del Día de las Madres, el especialista envió un mensaje dirigido a las mujeres que durante años han sido sostén de sus familias. “Cuidarte no es egoísmo; es una forma de seguir presente, activa y saludable para quienes amas. Cuando una mujer se fortalece física y emocionalmente, toda su familia también se beneficia”, expresó.
La conversación sobre envejecimiento saludable continúa ganando espacio en el ámbito médico y social, especialmente en una época donde la expectativa de vida aumenta y la calidad de esos años se convierte en una prioridad. Para los expertos, moverse, fortalecer el cuerpo y mantener hábitos saludables puede marcar la diferencia entre depender de otros o vivir con plenitud y autonomía.







