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Desde hace décadas, la industria periodística está viviendo una situación complicada. Son muchos los retos que tiene que afrontar el sector y, por consiguiente, todos los trabajadores de la prensa.

En el caso de los editores, de quienes se espera que todo lo que llegue a las redacciones sea publicado en tiempo ‘récord’, viven la mayor presión por parte de publicistas y comunicadores corporativos. Los modelos antiguos ya no funcionan y los nuevos aun no ofrecen un retorno suficiente como para compensar la caída del negocio tradicional.

“Fulano es mi amigo, le daré prioridad a su nota”, es cierto, se da y mucho, pero también es cierto que hay momentos en los que hay que variar todo el rompecabezas solo para complacer peticiones clientelistas; quienes no asumen la publicidad como un compromiso mutuo, sino como un favor a tu empresa de anunciar la suya allí.

Hay lectores, y muchos, a los que no les interesa lo que nuestro medio publicita, ellos merecen contenido de calidad y que no esté comprometido; crear un balance entre temas publicitarios y otros de interés social, cultural, familiar, es un buen punto de partida y el gran reto de los editores.

Editar el contenido de un medio escrito implica estar empapados de los temas que se estén abordando, puesto que en ocasiones puede que el espacio con que contemos no se corresponda con la cantidad de texto (unas veces sobra, otras falta); el editor deberá ponerse en contacto con el autor de dicho escrito y de no contactarle, asegurarse de que el texto no pierda originalidad y ajustarlo del mejor modo posible.

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Nuestros medios pagan un profesional para un oficio, te empujan a realizar cinco y al final tienes que lidiar con los clientes o  anunciantes porque no quedaron satisfechos con el espacio que se les dio. El diario vivir entre el equipo de “marketing” de las empresas de comunicación y los editores es caótico, teniendo de por medio los comunicadores corporativos, que presionan para que su información salga pronto; y el editor con un montón de notas evalúa la vigencia de las decenas  que llegan a una redacción cada día, va publicando las informaciones que considere prioritarias para cada edición.

Citemos un ejemplo: imaginemos que toda la publicidad de la sección El Norte del “Listín Diario” del viernes 15 de junio del año en curso correspondiera a la Universidad de Pedro y que las informaciones que hayamos trabajado sean de la Universidad de Andrés; ¿estaría correcto que le diéramos salida a esa nota? Es por casos como estos que en todo momento debemos tener un plan B, informaciones trabajadas y que no pierdan vigencia, puesto que la línea editorial no debe competir con la publicitaria.

Editar es un arma de doble filo, tienes un gran poder en las manos y sobre la espalda un gran peso. Es estar frente a un sinnúmero de personas que te alaban por tu posición. Se hacen muy  buenos amigos, enemistades, accedes a lugares a los que de otro modo quizás nunca llegarías. En fin, estar en los pies de una editora te hace ver el mundo de un modo diferente.

La dinámica entre editores y comunicadores corporativos escompleja. “Colegas” que te abrazan para sentirse cerca y asegurar respaldo con una posterior publicación;  publicistas que esperan que informes decenas de notas cuando la publicidad te ahoga y no encuentras cómo respirar para lograr el equilibrio que esperan tus lectores; llamadas que te hacen presión porque tal o cual empresa es cliente desde hace años y “no le podemos quedar mal”. Muchas veces los editores quieren dar cabida a todas las informaciones que considere de calidad para el medio que labore, pero no siempre pueden o tienen el espacio para “quedar bien” con todos.

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