En el contexto actual, los influencers han adquirido un papel central en la promoción de productos y servicios, especialmente en empresas multinivel. A través de plataformas digitales, estos creadores de contenido han logrado captar la atención de millones de seguidores, impulsando el crecimiento de estructuras que se asemejan a esquemas piramidales. De hecho, muchas de estas empresas como Herbalife, Avon y Mary Kay han recurrido a la influencia de personalidades digitales para expandir su alcance y ventas.

Uno de los aspectos clave que explica este fenómeno es la cercanía afectiva que logran establecer los influencers con sus audiencias. Según Ferran Lalueza, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya, los seguidores tienden a ver a los influencers como amigos cercanos, lo que genera una falsa sensación de confianza que los predispone a creer en sus recomendaciones.

Este tipo de conexión emocional es esencial para que los productos y servicios ofrecidos sean percibidos como auténticos, aún cuando en muchos casos son parte de estrategias comerciales complejas y, en algunos casos, engañosas.

Los influencers juegan diferentes roles dentro de estos sistemas. En algunos casos, son miembros activos que invierten en la estructura y tratan de atraer nuevos participantes para recuperar su inversión, mientras que en otros son contratados para promocionar productos mediante colaboraciones pagadas.

Sin embargo, independientemente del papel que jueguen, su capacidad para generar confianza y credibilidad sigue siendo un factor fundamental en el éxito de estos negocios. De hecho, un estudio global reveló que el 45% de los consumidores ha comprado productos debido a la recomendación de un influencer.

El problema con estos modelos radica en que, a menudo, las estructuras piramidales se basan en la captación de nuevos miembros para sostener el sistema. Como explica Jordi Moguel, experto en derecho del consumidor, las ganancias no dependen de un producto o servicio genuino, sino de la incorporación constante de nuevos participantes. Esta situación genera una insostenibilidad inherente que, eventualmente, lleva a la quiebra del sistema y a pérdidas para los involucrados en la base de la pirámide.

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Por otro lado, la promoción de estos esquemas no siempre se realiza de manera transparente. Aunque los influencers tienen la responsabilidad de informar claramente sobre su relación comercial con las empresas que promocionan, en muchos casos esto no se cumple, lo que podría considerarse publicidad encubierta.

Esto ha llevado a un debate sobre la responsabilidad ética de los influencers, quienes deberían ser conscientes de que su imagen y credibilidad pueden verse comprometidas si participan en actividades que, aunque legales en algunos casos, pueden ser perjudiciales para sus seguidores.

Finalmente, algunos expertos sugieren que sería necesario actualizar las leyes de publicidad para incluir regulaciones específicas sobre los creadores de contenido en internet. Estas reglas podrían ayudar a mitigar los riesgos asociados con las prácticas comerciales desleales y a proteger a los consumidores de posibles estafas.

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