¿Cómo se forman los profesionales que deberán construir confianza en la era digital?

Durante décadas, la comunicación estuvo asociada a medios claramente definidos: periódicos, estaciones de radio y canales de televisión que actuaban como intermediarios entre los acontecimientos y la ciudadanía. Quienes estudiaban comunicación aprendían a producir contenidos para esos espacios y a desenvolverse dentro de estructuras relativamente estables.

Hoy ese escenario ha cambiado por completo. Las redes sociales, las plataformas digitales y, más recientemente, la inteligencia artificial ha transformado la forma en que las personas producen, distribuyen y consumen información. En este nuevo ecosistema, cualquier ciudadano puede generar contenido, alcanzar miles de personas e influir en la conversación pública.

Paradójicamente, mientras la capacidad de publicar se ha democratizado, la necesidad de profesionales capaces de comunicar con rigor, ética y pensamiento crítico se ha vuelto más urgente.

La carrera de Comunicación Social y Medios Digitales del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) surge precisamente en ese contexto de transformación, donde el reto ya no consiste únicamente en aprender a contar historias, sino en comprender cómo circula la información y cómo se construye la confianza.

Más allá del periodismo tradicional

El perfil del comunicador contemporáneo dista mucho del que predominó durante gran parte del siglo XX. Actualmente, un profesional de la comunicación puede desempeñarse como periodista, relacionista público, estratega digital, gestor de reputación, productor audiovisual, especialista en comunicación corporativa o analista de audiencias.

La convergencia de disciplinas ha provocado que las fronteras entre periodismo, relaciones públicas, marketing de contenidos y comunicación institucional sean cada vez más difusas.

Para Alfredo Padrón, coordinador de la carrera de Comunicación Social y Medios Digitales de INTEC, el principal desafío de la academia se encuentra en el plano ético.

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“Antes los grandes medios de comunicación solían ser la brújula de la ciudadanía en cuanto a veracidad informativa, pero el uso de la IA y la dictadura de los algoritmos han creado un caldo de cultivo donde prolifera la duda sobre todo lo que se escribe y se difunde. El concepto de la verdad se ha devaluado y se sospecha de todo y de todos”, explica.

Ante esta realidad, sostiene que la formación debe fortalecer el pensamiento crítico, la curiosidad investigativa y el compromiso con la verificación de las fuentes.

“Tenemos que enseñar a nuestros muchachos que debe privar el análisis en profundidad, aunque para ello debamos renunciar a ser los primeros en publicar”, afirma.

En ese mismo tenor, la docente Rosa Alcántara sostiene que INTEC se adelantó a las tendencias actuales en la enseñanza de la Comunicación Social en la Era de la Inteligencia Artificial. En su rediseño curricular de 2020 incorporó nuevas asignaturas orientadas al aprendizaje de herramientas digitales de IA, especialmente para la detección de la desinformación y las noticias falsas. Así como sobre la Inteligencia Artificial aplicada al periodismo y la comunicación, con un enfoque en su uso ético dentro del ejercicio profesional.

“Formar comunicadores y periodistas en un contexto donde la tecnología avanza a gran velocidad representa un desafío considerable. En mi práctica docente, para evitar que la IA sustituya el proceso formativo de mis estudiantes, aplico estrategias didácticas tradicionales: los evalúo mediante exposiciones presenciales y ejercicios de escritura a mano, con el propósito de asegurarme de que desarrollen pensamiento crítico y construyan conocimientos propios”.

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El desafío de la inteligencia artificial

La irrupción de herramientas capaces de redactar textos, producir imágenes, resumir documentos y generar contenido audiovisual ha obligado a replantear el valor del trabajo humano en la comunicación.

Sin embargo, lejos de desplazar la profesión, la inteligencia artificial parece estar redefiniéndola. Si una máquina puede producir contenido en segundos, las habilidades más valiosas pasan a ser aquellas relacionadas con el criterio profesional como identificar qué información es relevante, verificar datos, interpretar contextos y comprender las implicaciones éticas de cada mensaje.

En este escenario, la formación de comunicadores no puede limitarse al aprendizaje técnico. Debe desarrollar capacidades analíticas que permitan utilizar la tecnología de forma responsable y estratégica.

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El comunicador que viene

La pregunta central ya no es dónde trabajarán los futuros comunicadores, sino qué capacidades necesitarán para desenvolverse en un entorno caracterizado por la incertidumbre tecnológica y la sobreabundancia informativa.

La respuesta apunta menos hacia herramientas específicas y más hacia competencias humanas difíciles de automatizar como el pensamiento crítico, ética, creatividad, sensibilidad social y capacidad de análisis.

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