La rápida adopción de la inteligencia artificial (IA) está llevando a las empresas de América Latina a reforzar sus inversiones en ciberseguridad.
Según un estudio de Kaspersky, el 41 % de las organizaciones de la región aumentó su presupuesto destinado a seguridad informática debido a la incorporación de tecnologías de IA, en un contexto marcado por nuevas vulnerabilidades y mayores riesgos asociados al uso de estas herramientas.
El incremento de la inversión responde también a otros factores, entre ellos el costo creciente de las brechas de seguridad, la migración hacia infraestructuras en la nube y la experiencia reciente de incidentes.
La preocupación adquiere especial relevancia en sectores como el financiero, tecnologías de la información (TI) y gubernamental, considerados objetivos prioritarios por el valor y carácter crítico de sus activos digitales.
Los resultados forman parte de una investigación global realizada por el Centro de Investigación Interna de Kaspersky, que consultó a 1,800 responsables de toma de decisiones y especialistas en TI y ciberseguridad de organizaciones en 18 países, pertenecientes a sectores como tecnología, manufactura, servicios financieros y comercio.
El estudio revela que el 19 % de las empresas considera las vulnerabilidades relacionadas con la IA entre las amenazas más peligrosas que enfrenta actualmente.
Esta preocupación se encuentra por debajo de los ataques masivos de malware, identificados por el 27 % de los encuestados, y del phishing, señalado por el 22 %.
Impacto de la inteligencia artificial
La percepción refleja un cambio en la forma en que las organizaciones evalúan el impacto de la inteligencia artificial. Además de representar una herramienta para mejorar procesos, la tecnología amplía la superficie de exposición y plantea nuevos escenarios de riesgo que requieren mecanismos específicos de prevención, supervisión y respuesta.
Las amenazas vinculadas con la IA no provienen únicamente de actores externos. El uso de herramientas de inteligencia artificial de terceros por parte de los empleados también se ha convertido en una preocupación para las organizaciones.
Esta práctica, conocida como “Shadow AI”, ocurre cuando los colaboradores utilizan soluciones como ChatGPT y DeepSeek para realizar tareas laborales sin que necesariamente exista una supervisión integral por parte de la empresa.
El 31 % de las organizaciones encuestadas identifica este comportamiento como un factor de riesgo frecuente, principalmente por la posibilidad de filtraciones de información y brechas de seguridad.
Los datos también muestran que las empresas todavía mantienen distintos niveles de control sobre estas herramientas. El 57 % permite el uso de soluciones de IA de terceros bajo determinadas restricciones, como la prohibición de introducir nombres de la empresa o documentos internos. En tanto, el 34 % autoriza su utilización sin restricciones, aunque acompañado de lineamientos y programas de capacitación orientados a promover prácticas seguras.
La situación plantea un reto de gobernanza: en lugar de limitarse a bloquear el acceso a las herramientas de IA, las organizaciones necesitan establecer políticas que definan qué soluciones pueden utilizarse, con qué información y bajo cuáles mecanismos de supervisión.
A pesar de los riesgos, la integración de inteligencia artificial en las organizaciones continúa avanzando. El estudio señala que el 90 % de las empresas está explorando activamente o implementando herramientas internas de IA basadas en Modelos de Lenguaje de Gran Tamaño (LLM), mientras que un 10 % ya ha incorporado estas tecnologías en sus flujos de trabajo.
Entre las organizaciones que desarrollan o utilizan soluciones internas, los principales impulsores son la mejora de la eficiencia de los procesos, la reducción de errores humanos y el incremento de la calidad de los entregables para los clientes, cada uno mencionado por el 59 % de los encuestados.
Mejorar la productividad y generar ventajas competitivas
Estos resultados muestran que la IA está siendo considerada cada vez más como un componente estratégico para mejorar la productividad y generar ventajas competitivas, lo que, al mismo tiempo, incrementa la necesidad de incorporar la seguridad desde las primeras etapas de adopción.
“La inteligencia artificial está transformando la forma en que operan las empresas, pero también está ampliando la superficie de exposición a nuevas amenazas. Por ello, la ciberseguridad debe evolucionar al mismo ritmo e incorporar capacidades de IA que permitan anticipar riesgos, responder con mayor rapidez y fortalecer la resiliencia del negocio”, afirmó Daniela Álvarez de Lugo, gerente general para la región Norte de América Latina en Kaspersky.
La ejecutiva agregó que la IA debe trascender su función como herramienta de automatización y convertirse también en un recurso para proteger los procesos que las organizaciones están transformando.
Ante este escenario, Kaspersky recomienda que las empresas combinen la adopción de inteligencia artificial con mecanismos de protección capaces de ofrecer mayor visibilidad y capacidad de respuesta frente a las amenazas emergentes.
Entre sus recomendaciones se encuentra la implementación de soluciones integrales de Kaspersky Next, que incorporan protección en tiempo real, visibilidad de amenazas y capacidades de investigación y respuesta mediante tecnologías EDR y XDR.
La compañía destaca que sus capacidades basadas en IA pueden contribuir a automatizar procesos de seguridad, reducir tareas manuales y apoyar a los equipos ante las brechas de habilidades.
También plantea fortalecer la inteligencia sobre amenazas mediante Kaspersky Threat Intelligence, que proporciona información contextual a lo largo del ciclo de gestión de incidentes y utiliza aprendizaje automático e IA generativa para apoyar la clasificación de malware, el análisis de grandes volúmenes de información y la generación de resúmenes de indicadores de compromiso.
La evolución de la inteligencia artificial plantea así una doble dinámica para las empresas: aprovechar sus capacidades para mejorar la eficiencia, mientras desarrollan controles que permitan reducir los nuevos riesgos derivados de su utilización.
Afirma que la ciberseguridad deja de ser un componente separado de la transformación digital y pasa a formar parte de la estrategia con la que las organizaciones adoptan y gobiernan la IA.







